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NO GAME, NO LIFE: emocionante y divertido pero… ¿Un referente?

Animes hay muchos, eso está claro, y si nos da por sumergirnos de lleno en la interesante cultura de la animación japonesa enseguida nos encontraremos con una enorme cantidad de géneros, subgéneros y palabras más bien raras que definen, con más o menos acierto, un amplio espectro de obras con características lo suficientemente similares entre sí como para ser consideradas parte de un mismo conjunto.

Shounen, shojo, ecchi, harem, gekiga, sentai… la lista parece interminable y resulta muy difícil desentrañar qué obra va a ser la próxima en causar impacto en la comunidad. Es fácil ver un patrón en el éxito de series como Dragon Ball, Naruto o One Piece pero cuando dirigimos nuestra atención a otras la cosa no esta tan clara: ¿por qué es tan famoso Attack on Titan y no Claymore?, ¿Que tiene Sword art Online que no tenga Overlord? ¿Y por qué todo el mundo conoce One Punch Man pero casi nadie ha oido hablar de Mob Psycho 100?.

Probablemente todo se deba a un cúmulo de circunstancias más bien difíciles de medir y si quisiéramos seguir con el tema podríamos estar todo el día poniendo ejemplos si nos apeteciese, pero lo cierto es que hoy estamos aquí para hablar del anime No game, No Life (2014, basado en las novelas japonesas del mismo nombre del 2012) y de cómo, por alguna razón que no acabo de comprender, parece haber dejado huella en la mente de una gran cantidad de fans de la animación japonesa.

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El mundo del tablero o “disboard” cuenta con un lore interesante y una estética única, aunque de vez en cuando tanto rosa te destroza las corneas.

No game, No Life se centra en la historia de Sora y Shiro, dos jóvenes hermanos (chico y chica respectivamente) que, ante el desencanto que les produce la sociedad moderna, deciden recluirse en su casa de forma permanente con el objetivo de dedicar sus vidas a lo único que consigue emocionarles de forma remota: los videojuegos. El problema reside en que estos dos “hikikomori” (término japones utilizado para referirse a aquellos que se recluyen en su hogar) son verdaderos genios y, apodados como “Los Blancos”, parecen ser capaces de ganar sin esfuerzo cualquiera de los juegos en los que participan, ya sea en complicados MMO’s o en partidas de ajedrez online.

Todo cambia cuando los hermanos reciben un misterioso e-mail procedente de un desconocido en el que son retados a una misteriosa partida de ajedrez a través de internet. Los hermanos consiguen ganar la partida por los pelos, pero al terminar son transportados a un mundo de fantasía en el que absolutamente todo es decidido mediante juegos; desde pequeñas rencillas al destino de razas enteras, y en el que se deben respetar a rajatabla las reglas impuestas por Tet, el dios que se encarga de gobernar el “mundo del tablero”.

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El humor es una constante en la serie y resulta divertido gracias a sus carismáticos protagonistas.

Como veis la premisa inicial de No Game, No Life resulta relativamente atractiva y a pesar de que todo el asunto de transportar misteriosamente a los protagonistas a otra dimensión está bastante trillado, el hecho de que los conflictos sean resueltos mediante desafíos y no con violencia le aporta un toque de originalidad y lo diferencia de otras series más centradas en la acción.

Y es que lo mejor de la serie es precisamente eso, los desafíos. Sora y Shiro son verdaderos genios en lo suyo y siempre consiguen plantear estrategias muy locas para salir airosos de juegos que van desde el simple “piedra, papel, tijeras”, hasta un juego similar al ajedrez pero con componentes roleros y de fantasía en el que incluso la moral de las piezas es un factor más a tener en cuenta para ganar.

A esto contribuye el carisma que desprenden ambos personajes y lo efectivos que resultan como duo. Sora de 18 años y Shiro de 11 ven el mundo de forma cínica y con la arrogancia propia de unos supergenios sin parangón, pero sin perder por ello sus valores y deseos por el camino, lo que sumado a su divertido sentido del humor e ingeniosos diálogos los convierten en un foco de atención constante y en una de las razones que ha llevado a la serie a ser tan popular. Incluso hay sitio para la crítica social en su planteamiento, (aunque sea más bien discreta) Sora y Shiro representan el desencanto de la juventud con una sociedad hipócrita y caótica en la que el orden es sólo una ilusión y en la que no hay reglas que puedan seguirse para vencer. “La vida es solo un juego sobrevalorado” dice Shiro ¿por qué no sumergirse en otros mucho más estimulantes?

¿Es esto suficiente para justificar su éxito?

Las estrategias usadas en los desafios y el carisma de los protagonistas son aspectos de la obra a los que se les da mucha importancia y sobre los que se asientan las bases argumentales de la trama pero… ¿son suficientes para justificar su éxito?

Porque claro, no toda la serie va a consistir en una sucesión de juegos sin ton ni son, hay una trama y un lore detrás que justifica todo esto, y mientras que el lore resulta lo suficientemente rico y original como para querer saber más del mundo en el que han aparecido Sora y Shiro el argumento, o más bien la forma de contarlo, no acaba de cuajar del todo.

Me explico, el mundo del tablero (o “disboar” en inglés) está habitado por multitud de razas con diferentes habilidades y características que se encuentran en una constante pugna por el territorio. De las 16 razas que pueblan disboard los humanos (llamados “imaniti”) son los más débiles y los únicos que carecen de propiedades mágicas, lo que supone una gran desventaja en “combate” y ha propiciado que el reino humano esté al borde de la desaparición tras una serie de vergonzosas derrotas consecutivas a manos de otras razas.

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Los conflictos políticos se resuelven mediante juegos en disboard ¡Como en la vida real!

Esto por sí mismo debería suponer una motivación más que suficiente para implicarnos con el objetivo de “Los Blancos” de convertir a los imaniti en la raza más poderosa del tablero, pero lejos de aprovecharlo y utilizarlo en su favor la serie decide darle más importancia a los chascarrillos y al chiste fácil en lugar de expandir el lore de su propio universo.

Digo esto porque No Game, No Life es una obra con un tono principalmente cómico y  solo durante los desafíos se adopta un tono más serio y alejado del humor. No digo esto como algo malo, al fin y al cabo el humor funciona durante la mayor parte del tiempo y consigue sacar alguna que otra carcajada (siempre que seáis capaces de verle la gracia a las japonesadas, claro), pero no puedo evitar pensar que de haber ahondado más en el rico universo del que la serie sólo nos da pinceladas de forma ocasional estaríamos ante un producto mucho más interesante y con más atractivo que el de sus protagonistas y las estrategias que plantean para salir airosos de los juegos.

Ese fanservice que nunca cesa…

Lo que sí veo como un problema, y uno muy grande, es el exageradísimo y constante fanservice con el que la serie nos bombardea sin parar. Cualquiera que haya visto algún que otro anime sabrá que la cultura japonesa tiende a sexualizar de forma muy obvia y descarada a muchos de sus personajes femeninos. Es algo a lo que la mayoría estamos acostumbrados y que incluso puede llegar a tener gracia bajo ciertas circunstancias, pero es que lo que ocurre con No Game, No Life resulta tan descarado que llega a dar vergüenza ajena.

Y es que la serie es un constante desfile de “maids” y “lolitas” ligeras de ropa y con medidas desproporcionadas que se pasean por ahí sin aportar demasiado a la trama, casi esperando a ser objetivadas de forma flagrante por un Soma que, con sus 18 añitos, tiene las hormonas a flor de piel en todo momento. No es equivoquéis, de verdad que estoy acostumbrado a este tipo de cosas, pero es que llega un momento en el que el fanservice se convierte en algo casi insoportable, con personajes como Stephanie Dolla que solo está ahí para aparecer medio desnuda de vez en cuando y con ocasiones en las que se sexualiza incluso a Shiro, que recordemos tiene 11 años, y que resultan directamente perturbadoras.

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La sexualización de los personajes femeninos es una constante y puede llegar a ser realmente molesta.

Si dejamos todo eso de lado y nos centramos en lo puramente visual hay que decir que No Game, No Life brilla, literalmente, con luz propia gracias a un estilo de animación y una paleta de colores muy particulares en lo que es, sin duda, uno de los animes con el apartado estético más original que he visto en mucho tiempo. Todo parece estar bañado en neón de forma constante, y la selección de colores pastel y tonos rosas y violetas le da una personalidad única y distintiva que enamora desde el primer momento.

Así, No Game, No Life hace un excelente trabajo a la hora de construir un universo interesante, con una estética única y en el que se desarrollan emocionantes batallas basadas en juegos donde la estrategia de sus carismáticos protagonistas mantiene el interés hasta el final, todo aderezado con un humor divertido y que consigue sacarnos alguna que otra sonrisa de vez en cuando. Lamentablemente lo poco que se ahonda en el lore y la sexualización constante y desproporcionada de los personajes femeninos de la trama resultan suficientemente molestos como para empañar una serie con un potencial enorme y que, de apretar los tornillos adecuados en las siguientes temporadas (si llegan a hacerse, que no está nada claro), podría llegar a convertirse en todo un referente, cosa que no es en su estado actual.

No Game, No Life

No Game, No Life
7

NOTA GLOBAL

7/10

    Destaca en:

    • La premisa, sin ser completamente original, es llamativa y engancha.
    • El duo protagonista desprende carisma y funciona estupendamente.
    • Las estrategias que se utilizan para ganar los diferentes juegos.
    • El lore es interesante, funciona y da sensación de cohesión a la obra.
    • La estética es fantástica.

    Podría mejorar:

    • Hay personajes que no aportan absolutamente nada a la trama, al menos de momento.
    • No se ahonda casi nada en el lore, a pesar de ser interesante.
    • El fanservice.
    • Mucho potencial desaprovechado.

    About Mr. Thanos

    Mr. Thanos nació con un sable láser en una mano y el guantelete del infinito en la otra, adora el cine, los libros, comics , videojuegos, mangas y animes, si son gore mejor. Es recomendable no darle de comer a partir de las 12

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