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LIGHTYEAR: tempus fugit, carpe diem.

Tal y como twittee hace unos días al salir del cine, Lightyear (2022), la última película de Pixar, me ha hecho exclamar “¡Mamá, Pixar lo ha vuelto a hacer!”. Y de qué manera. Pixar es una compañía que se ganó nuestros corazones desde aquel viejo 1995 cuando estrenó Toy Story; casualmente, hoy analizamos el último spin off de aquella primera entrega de las aventuras del vaquero Woody, el guardián espacial Buzz Lightyear y de todos los juguetes del pequeño Andy. Los años han pasado y Pixar lanzó la segunda, tercera y cuarta entrega, así como un buen puñado de películas fantásticas que todos podemos citar de memoria: Ratatouille, Wall-E, Brave, Inside Out, Coco o Soul. Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que Lightyear se encuentra entre estas, los mejores films de la compañía.

Lightyear no es lo que uno esperaría de un spin off de Toy Story. Es cierto que su argumento no es más que el viaje del héroe y también es cierto que no es la primera película, ni serie, que se hace del guardián espacial (recordemos Buzz Lightyear: Comando Estelar y Buzz Lightyear Comando Estelar: La Aventura Comienza). No obstante, todo lo que rodea a la película, desde su guion, hasta el profundo mimo de cada detalle, hacen que Lightyear sea, porque se lo ha ganado, una película independiente con mucho por aportar.

Menciono esto de película independiente porque la mayoría de los spin offs se basan en la nostalgia para llegar a su público objetivo, mientras que Lightyear prescinde de todo lo que conocemos (excepto su famosa frase “Hasta el infinito y más allá”) para ofrecer algo nuevo, sorprendente, refrescante y, lo que es mejor, en un entorno de ciencia ficción.

La maravillosa inclusión de ciencia ficción en Pixar

Os diría que todo mejora con naves espaciales, pero no es cierto. Lo que sí que está claro es que es realmente satisfactorio sentarse a ver una película de animación y descubrir que la dirección (en este caso al mando de Angus MacLane) se ha tomado la molestia de documentarse de veras. Y es que la ciencia detrás de la película es, con sus reservas, sorprendentemente plausible, ofreciéndonos de paso ideas muy buenas. Puede que los escépticos de la ciencia ficción no disfruten demasiado de esta parte (aunque me cueste entender que haya gente a la que no le guste la ciencia ficción XD), pero se trata sin duda de una de las partes más enriquecedoras de Lightyear.

El caso es que, de alguna manera, tengo la sensación de que aquellos adultos que no la visualicen con algo de inteligencia y mente abierta no la entenderán y, posiblemente por ello, no les gustará. En otras palabras, al incluir filosofía, ciencia y existencialismo en la película, no gustará a todos los que no quieran hacer un esfuerzo. La maravilla está ahí, pero se exige algo de voluntad por parte del espectador. Quizás traerte algo aprendido de casa. Star Wars no requiere ningún esfuerzo, Dune sí.

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¿Pero cuál es su argumento para que nos pongamos tan trascendentales?

Por una vez, puede que el argumento no sea lo de menos. El Space Ranger Buzz (Chris Evans) y su compañera y mejor amiga del Comando Estelar, Alisha Hawthorne (Uzo Aduba), exploran un planeta en busca de conseguir un nuevo hábitat para los colonos que porta su nave. Intentando escapar de ese entorno que resulta hostil la nave queda varada y todos intentan adaptarse a la nueva vida en el planeta T’Kani Prime. Mientras Alisha crea una nueva familia junto a su nueva esposa Kiko (Pixar se pone al día, los países retrógrados arden), Buzz prueba una y otra vez el combustible hiperespacial que les permitiría abandonar el planeta. Con cada prueba pasan cuatro años, como consecuencia de la dilatación del tiempo por viajar a velocidades relativistas. El mundo que conocía Buzz va cambiando con los años, al igual que su percepción de su misión.

Lightyear tiene un comienzo de historia que no me había emocionado desde aquel tan famoso de Up, confirmando que nos encontramos ante una película entrañable, pero no empalagosa. No es de lágrima fácil, aunque tenga sus momentos dramáticos, pero al hacer hincapié en la amistad, el trabajo en equipo y el concepto, tanto abstracto como tangible, de la felicidad, consigue hacer reflexionar a los adultos acerca de sus propias vidas. De alguna manera, Lightyear hace una crítica de nuestra forma de vivir, tan pendiente de las aspiraciones futuras y de nuestra obsesión por el triunfo que no es capaz de disfrutar del momento y valorar el presente.

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Al final, como todas las películas de Pixar, tiene algo para todos los públicos: chistes para todos, escenas divertidas y trepidantes para los jóvenes, aventuras y reflexiones para los adultos. Incluso el plot twist en el último tercio es muy sorprendente y tan bien llevado que encaja con lo que nos quiere contar la película, que es, no os quepa duda, condenadamente ambiciosa en su objetivo.

Memento Mori y estrés post trauma

Quizás esto último sea el motivo por el que no sacan partido ni de todos los personajes, ni de todas las ideas. Es posible que resulte inevitable ya que no es una serie, es una película, y no se puede explotar todo lo que se querría en todos los aspectos, teniéndose que centrar casi en exclusiva en la figura de Buzz, el honorable, confiable, siempre preparado, pero solitario y cabezota Space Ranger.

Este camino del héroe parte de la necesidad de reconocimiento que tiene Buzz, una necesidad de volver a su status quo que tanto tiene de orgullo, pero también de espinita clavada post trauma. Es ese manido concepto de la gloria personal o, como él mismo pregona, “ser importante”. Esa idea de ser significativo y hacer cosas trascendentales es lo que explora la película veladamente mientras nos fascina con un nivel técnico a la vanguardia (como siempre) y un nivel artístico muy interesante, con diseños muy chulos. Mientras hace que su protagonista nos repita que no necesita a nadie, se van formando a su alrededor sus apoyos emocionales, una adorable mascota ciborg llamada Sox (de la que pronto tendremos muuuuchos peluches en las tiendas) y un grupo de adorables fracasados con ganas de ayudar y de los que nos gustaría saber más cosas; entre todos tendrán que luchar contra sí mismos, contra el planeta y contra una suerte de Darth Vader (el emperador Zurg, interpretado por James Brolin) en una de las muchas referencias que hay a La Guerra de las Galaxias.

La ambición de Lightyear comienza con ese tráiler tan evocador mientras suena Starman de David Bowie (lo mejor de la banda sonora de Michael Giacchino, ejem). El infinito y más allá se perfila en el horizonte mientras el guardián espacial Buzz nos transmite con su mirada la emoción, acción, ritmo y estilo que tendrá toda la película, teletransportándote a un mundo de ciencia ficción que sí, por momentos puede recordarte a otras películas de bucle como Al filo del mañana, pero con un sabor propio. Las películas de Pixar te hablan de los amores que se quedan, de la realización de nuestros sueños, del paso de la inconsciencia a la madurez. Lightyear nos presenta todo esto y encima una lección tan cruda como para que no se nos olvide cuando las luces del cine se encienden: tempus fugit, carpe diem.

Lightyear

8.7

NOTA

8.7/10

Destaca en:

  • Su mensaje.
  • La inclusión de buena ciencia ficción.
  • Su mezcla de aventuras, diversión, ligera nostalgia y trascendentalismo.

Podría mejorar:

  • No saca partido a algunas ideas y personajes.
  • La banda sonora daba más de sí.

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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