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UN JAMÓN CALIBRE 45: cuidado con las pelirrojas.

Hay gente que parece que persigue los problemas. No estoy hablando de los gafes, que a saber si existe eso, ni tampoco de mala gente que siempre está metida en trifulcas. Simplemente esas personas que parece que atraen los problemas. Esa gente con la que piensas “a su lado, seguro que no me aburro”, pero que después del agote de los primeros días vuelves a pensar, “si eso le llamo el año que viene”.

En la realidad no sé si conocéis a muchos, pero en la ficción tenemos muchos ejemplos dentro del género policíaco, detectivesco o thriller (o todo) que aúnan los problemas, con el ritmo desenfrenado y un protagonista algo irónico y con cierto encanto personal. Dejando de lado los detectives profesionales (Phillipe Marlowe, Sam Spade…) y usando la sátira, la ironía y el sarcasmo, todos recursos maravillosos, tenemos en la saga juvenil de Flanagan un buen ejemplo, también los libros de Eduardo Mendoza, y ahora vuelvo a vivir lo mismo con Un jamón calibre 45 (2011) y su protagonista Nicolás, un argentino que huyó para (mal)vivir del periodismo o intentar escribir su novela en Madrid, y acabó metido en un embrollo de tres pares de narices donde las mujeres inexplicablemente despampanantes, seductoras, algo locas y con pasados secretos, se pasan la vida desfilando delante de él, y hay borracheras, palizas, asesinatos, misterios y muchas mentiras para aderezar la historia.

Carlos Salem nos ofrece con Un jamón calibre 45 una novela que parece a la vez que la conocemos de toda la vida y que no conocemos de nada. Sí, es asesinatos, matones a sueldo, rubias-morenas-pelirrojas fumando y paseando desnudas, dinero que aparece y desaparece y todos los clásicos y clichés del género de la novela negra que (los amantes del género) tan bien conocemos. Pero también es humor (ácido, irónico, negro, tonto, resuelto, del tipo que quieras), giros de guion, acción, viajes por el Madrid más castizo y muchas, muchas reflexiones y conversaciones maravillosas que nos ofrecen, estupendamente indexadas, perlas de sabiduría excelsa o filosofía callejera. 

Y es que eso es lo más maravilloso de Un jamón calibre 45, su capacidad para volvernos locos con situaciones absurdas mientras Nicolás, alcohólico, imsómnico, vividor, buena gente, nos desgrana aquello que aprende, o desaprende, o simplemente suelta sin querer en mitad de una conversación, de un pensamiento, de una paliza, dejándonos con cara de “esto no es una novela policíaca cualquiera”.

No sé si la intención de Carlos Salem con cada diálogo agudo o reflexión sesuda era lanzarnos un zasca tras otro o yo me sentí muy identificada con los diálogos que leía. Sin duda, cualquiera que se haya sentido un poco perdido en la vida, o haya amado, o se haya visto envuelto en situaciones donde tenía que elegir si seguridad o adrenalina, se sentirá identificado con esta novela que, quizás no lo pretendía, pero desnuda tu conciencia y te hace reflexionar sobre si estarás aprovechando bien la vida. 

Puede que muchas de estas reflexiones, poéticas, hermosas hasta en la crudeza de la situación en la que están enmarcadas, sean fruto del carácter poeta del autor. No es ningún secreto que Carlos Salem, antes que novelista, es poeta y esa forma de evaporarse, centrarse, evadirse, pensar y vuelta otra vez a empezar, es fruto del romanticismo que siempre ha impregnado a aquellos que hemos intentado escribir unos versos. En el caso de este libro, el autor no duda en incluir esa parte suya poeta, ya sea por medio del protagonista, o por sus secundarios, concretamente el sensible asesino Serrano. El resultado es una novela divertida, alocada, atípica y sí, con filosofía poeta escrita en prosa.

Un jamón calibre 45

7

Nota

7.0/10

Destaca en:

  • Los diálogos, no tienen desperdicio.
  • La trama, que engancha sin remedio
  • La sinergia entre personajes y el carisma de cada uno

Podría mejorar:

  • La última frase del libro, innecesaria.

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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