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ADIÓS A MI CONCUBINA: cuando la guerra se llevó el arte.

Nunca estaré de acuerdo conmigo misma acerca de si Adiós a mi concubina es un triángulo amoroso con China de fondo, o si las vidas de los tres personajes son una excusa para hablarnos de los cambios históricos y políticos que sacudieron China durante todo el s. XX. Y puede que tenga un poco de ambas cosas, porque mientras el libro comienza como un drama romántico, la segunda mitad está dedicada a los cambios que sacuden tanto al país como a los protagonistas durante la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil y la Revolución Cultural de Mao. Una historia que comienza en 1929 con dos niños huérfanos que son instruidos para ser actores en la gran Ópera de Pekín y que termina en 1984, tras una vida en la que se mezclan el esplendor del teatro más culto con los horrores de la guerra.

Adiós a mi concubina (Lillian Lee, 1985, traducción de Víctor Pozanco en 1994) es una de las obras más célebres de su autora. Creo que muchos la recuerdan porque en 1993 se realizó una película que perdió en los Óscars frente a la española Belle Epoque. Curiosamente, ambas son historias amorosas bajo el marco de las guerras que asolaron el país, aunque ahí terminan sus semejanzas. La nostalgia, crudeza y sencilla pasión conque Lillian Lee nos transmite la vida de Cheng Dieyi y Duan Xiaolou, dos actores intentando cumplir sus sueños… simplemente está a otro nivel. Quizás por ello, la correcta forma de analizar Adiós a mi concubina sea a través de sus tres frentes: la Ópera de Pekín, la situación política y social del país y el triángulo amoroso.

La Ópera de Pekín

Al igual que el teatro Kabuki en Japón, la Ópera de Pekín es la variedad operística más transcendental e importante entre todas las que se desarrollaron en China, con orígenes que se remontan aproximadamente a 1791, durante el reinado del emperador Quianlong. Al igual que su homóloga nipona, sólo los hombres actuaban en ella, preparándose los actores para papeles de héroe, heroína o gracioso, los cuáles interpretarían durante toda su vida. Los protagonistas de nuestra historia, Dieyi y Xiaolou, interpretan los papeles de dan (heroína) y sheng (héroe), respectivamente, sin que el libro entre a especificar en qué subtipo, de los muchos que hay, están especializados. En lo que sí incide es en el casi inhumano entrenamiento al que están sometidos los futuros actores y que es esencial para entender la relación entre Dieyi y Xiaolou, cuyo aprecio acaba convirtiéndose en amor, narrado a través de estupendos diálogos, sencillas descripciones y un manejo de la narrativa totalmente inmersivo.

Este último detalle es importante porque la autora no permite que su pasión por la Ópera la aleje de la intencionalidad de poner esta al servicio de la trama. Ninguno de los detalles sobre maquillaje, acrobacias, música o vestuario tiene una función meramente poética, sino que conoces la personalidad y motivaciones de los personajes a través de ello. Desgraciadamente, Lillian Lee no transmite sus conocimientos sobre la materia de forma exhaustiva, dando por hecho que conocemos la métrica de los versos o las obras que tantas veces menciona a lo largo del libro. De hecho, Adiós a mi concubina es el nombre de una célebre ópera y, como excepción, la única sobre la que se insiste en el argumento. Por tanto, la simbología detrás de la ropa, los zapatos, las barbas o el maquillaje es algo que nos perdemos los lectores, a menos que conozcamos en profundidad la Ópera de Pekín.

La obra Adiós a mi concubina

La obra que representan y sobre la que se hace referencia durante todo el libro está basada en un hecho histórico real que fue la Batalla de Gaixia (s. III A.C) en la que el rey Xiang Yu se enfrenta a un antiguo aliado, en una historia de traiciones, honor y guerra. La concubina del rey, Yu Ji, permanece a su lado hasta que, finalmente, acaba con su vida para no ser una carga para él. El rey, traicionado, abandonado y humillado, resiste como puede hasta que, también él, se suicida.

Esta historia ha sido usada recurrentemente en novelas, películas y obras teatrales. Su fuerza narrativa es tan grande que hasta mangas como La espada del inmortal o Rurouni Kenshin usan trozos del argumento para sus tramas. De la misma forma que los autores han basado la Batalla de Gaixia para sus obras, Lillian Lee usa en su libro constantes referencias a la obra original que se cuenta en Adiós a mi concubina, para así hablar de la relación entre Xiaolou y Dieyi y, en menor medida, de la situación histórica y política actual.

En relación a Xiaolou y Dieyi, el primero está enamorado de una prostituta llamada Juxian que acaba comprando su libertad para poder casarse con él. Dieyi, profundamente enamorado de su compañero, siente unos destructivos celos al ver que la historia que todas las noches representan en el teatro (él como dan, como su concubina, su amante, su esposa y tantos otros papeles de heroína), nunca se hará realidad y nunca estará con su héroe.

Adiós a mi concubina es una novela con muchas capas de lecturas. No se la puede reducir a un drama romántico ni a una crónica del s. XX en China. Os animo a su lectura. Clic para tuitear

La parte que compete a la historia de China también se refleja a través de numerosos versos sacados de su contexto para presentar la situación actual a modo de metáforas: la guerra civil, la pobreza, la invasión japonesa, la decadencia del país y la hambruna.

Lillian Lee usa también otras obras como La concubina ebria o El Pabellón de las Peonías para hacer esas comparaciones entre la ficción de la ópera y la situación de sus personajes, pero son sin duda referencias que, si no conocemos, como dije antes, la cultura de China, se nos pasarán por alto.

La situación política y social de China

Todos los hechos históricos que se narran en Adiós a mi concubina son reales. Comienzan con la nostalgia por los tiempos de la caída dinastía Quing hasta terminar en las reformas a favor del crecimiento económico de Deng Xiaoping. El mundo de la ópera es sacudido según la situación del momento, creándose tanto situaciones metafóricas como reales.

En las del segundo tipo es donde destaca toda la crudeza de Adiós a mi concubina. Si la etapa de la ocupación japonesa en 1943 fue dura, más aún lo fueron las purgas posteriores. La guerra civil duró hasta 1949 y después comenzó la República Popular de China bajo el mando del Partido Comunista. Aunque el libro trata de mostrar cómo todos son devorados por las políticas revolucionarias, es en la gente culta como los actores donde más se ceban (un tema que también trató de forma muy cruda Liu Cixin al comienzo de su novela El problema de los tres cuerpos), pudiendo los lectores asistir a la violencia de los Guardias Rojos durante la Revolución Cultural a través de juicios, humillaciones públicas, torturas, ejecuciones y el adoctrinamiento según las enseñanzas de Mao. La magia narrativa de Lillian Lee hace que podamos seguir viendo escenas de Adiós a mi concubina a lo largo de estos capítulos.

El triángulo amoroso

Al igual que en la Batalla de Gaixia el general y su concubina cantan tristemente porque todo está perdido, así Dieyi se rompe por dentro cuando ve que su gran amor se aleja de él por una mujer. La llegada de Juxian significa que Xiaolou ya no será suyo para siempre. Este típico argumento que tan sobado nos podría parecer es desgranado sin artificios por la autora convirtiéndolo en algo nuevo y fresco, aunque no por ello menos trágico. La homosexualidad no es el problema de Dieyi, sino su amor no correspondido. Como dan, tanto hombres como mujeres le desean y le declaran su amor, pero él es fiel al amor no correspondido de su mejor amigo. Juxian es consciente de esta situación de mutua dependencia entre los dos y sus actuaciones oscilan entre el odio y la pena por Dieyi y su sincero amor por Xiaolou.

Sin embargo, la crítica está presente ahí y no tiene nada que ver con el amor, sentimiento que no se puede evitar. Dieyi no sabe separar realidad de ficción; no tanto porque el teatro lo sea todo para él como porque lo identifica totalmente con la relación que mantiene con Xiaolou. Por ello, que su casi hermano quiera desligarse de esa vida, como efectivamente hace en varias ocasiones, es una de las grandes razones por las que su relación se deteriora. A medida que van pasando los años, Dieyi, por boca de la autora, nos habla de la adicción al opio, de la identidad de género y de la prostitución.

Es interesante comprobar que Adiós a mi concubina mantiene sus raíces con el confucianismo. La división entre dos mundos, realidad y teatro, siempre se mantiene, al igual que las relaciones binarias entre las que destacan las de concubina (encarnada por Dieyi) y la de reina (que correspondería a Juxian). Sin querer entrar más en materia, sí remarcar que la novela deja claro desde el principio cuál es el papel de cada uno, de la misma forma que se haría en el teatro.

Adiós a mi concubina es una novela corta que se lee de un tirón. Por mi parte, no tiene bien estructurados los saltos en el tiempo, los cuáles se producen cada poco rato, pero su narrativa es ligera y consigue transmitirnos todo lo que desea con facilidad. Creo que el análisis que he realizado, si bien algo denso, es necesario para entender que no nos encontramos ante una simple novela de un triángulo amoroso o ante un drama que exalte los valores perdidos, sino ante una obra que, como todas las buenas obras, tiene varias lecturas y, si le dais una oportunidad, sacaréis mucho de ella.

Adiós a mi concubina

7.8

NOTA GLOBAL

7.8/10

Destaca en:

  • El uso de la ópera Adiós a mi concubina para entender la novela Adiós a mi concubina.
  • Los diálogos y las emociones expresadas en ellos.
  • El buen uso del contexto histórico.

Podría mejorar:

  • Muchas veces no te enteras de que han dado un salto en el tiempo hasta que llevas un trozo leído.
  • Si no conocéis detalles de la cultura y la ópera chinas os perderéis detalles.

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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