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ALADDIN: cuando la ficción supera a la realidad

Los “remakes” en el cine siempre han sido algo que más o menos ha estado a la orden del día; sin ir más lejos hace no mucho os hablábamos de la innecesaria puesta al día de un estupendo clásico como fue Asesinato en el Orient Express. Por desgracia la mayoría de estas adaptaciones (no estoy hablando de ti, Mad Max) suelen acabar en cintas mediocres que difícilmente alcanzan a las originales, más en el mundo de Hollywood, donde si las predicciones de los analistas auguran ingentes montañas de dinero, todo respeto por los clásicos se pierde en pos de seguir alimentando a la fábrica de billetes sueños.

Las comparaciones, tan odiosas como necesarias.

Lo que llevó a la Aladdin de Disney original a ser el clásico de culto que es hoy en día fue una increíble convergencia de talentos en la que es sin duda uno de los largometrajes clásicos más icónicos y divertidos de la productora. Una cinta que no tiene ningún desperdicio y que el paso del tiempo solamente ha conseguido pintarle un par de canas aquí y allá. Y es que en nuestra memoria todavía quedan grabadas a fuego las canciones cantadas por Robin Williams y tan deliciosamente adaptadas por Josema Yuste en uno de los mejores doblajes que uno se pueda echar a la cara. Tanto es así, que por mucho que me encante Will Smith y aunque lo considero todo un icono de los 90, su interpretación del Genio, sin ser de lo peor que nos vamos a encontrar en Aladdin, no puede ni remotamente hacerles sombra a estos grandes dobladores y el increíble talento de los animadores de Disney en la década de los 90.

Will Smith es el Genio, no suena como Robin Williams ni como Josema Yuste, pero es imposible no quererle.

Peor, mucho peor lo tienen la princesa Jasmine (Naomi Scott) y Aladdin (Mena Massoud) que parece que se han escapado de alguna producción de sobremesa del Disney Channel, con unas actuaciones que, de pura vergüenza ajena, dan ganas de salirse del cine. Una pareja que no encaja entre sí y cuya historia de amor nos creemos simplemente porque ya conocemos la historia de antemano.

La infografía pierde estrepitosamente la batalla

Aparte del genio, la vis cómica la ponían el mono Abú, el loro Iago, la alfombra, el tigre Rajah…y el Sultán; personajes que han querido acercar tanto al realismo que toda su personalidad se ha quedado por el camino, y del arrollador carisma que tenían en la cinta original únicamente nos quedan un par de momentos salvables interpretados por un puñado de hiperrealistas marionetas completamente desprovistas de alma.

Faltaría más que en el apartado técnico hubiera alguna queja, aquí Disney ha puesto a trabajar a toda potencia su fábrica de sueños para hacer que todos los paisajes, elementos y pirotecnia de la cinta original luzcan de manera formidable, siendo la mítica escena de la canción “Un mundo ideal” aún más espectacular que en su presentación original.

Fuego valyrio para estos dos, gracias.

Mención especial merece el apartado sonoro y es que, ¿quién no se ha encontrado alguna vez tarareando a sí mismo “No hay un genio tan genial” o “El príncipe Ali”, o incluso parafraseando alguna de las frases de la peli como la de Jafar y su mítico “Estoy en éxtasis”? Y es que aquí es donde Disney de verdad se la jugaba, pues podemos admitir una película mediocre, incluso mala, pero las canciones… las canciones no me las toques.

La buena noticia es que, en general, las canciones (al igual que ya pasó en su momento con La Bella y La Bestia) se han adaptado con mucho respeto, manteniendo casi toda la letra (con pequeñas variaciones) e incluso han sido reinterpretadas prácticamente escena por escena en muchos casos. Estos momentos son sin duda lo mejor que Aladdin tiene para ofrecernos. La mala es que no logran superar a los temas originales, algunas por mucho y otras por poco, pero en este sentido el paso de la animación a la imagen real se cobra su precio, y las transformaciones del Genio, la fanfarria, y las hilarantes situaciones que disfrutábamos durante los estupendos temas originales son imposibles de trasladar a la acción real.

De hecho, es el paso a imagen real más que cualquier otra cosa lo que hace que Aladdin se sienta constantemente como una cinta rara, anticlimática, excesivamente sobreactuada, y muchas veces fuera de contexto. Parece que Disney, los padres de la animación occidental, no han aprendido que no pueden copiar una cinta de dibujos animados escena por escena en imagen real y esperar que no se sienta rara.

Las personas tenemos una capacidad de tolerancia a la ficción que viene dada por el marco en el que esta se interpreta. En una cinta de Harry Potter esperamos magia, dragones y elfos, pero un robot del futuro rompería el marco y se sentiría extraño y fuera de lugar. Es por esto mismo por lo que han convertido a Iago y Abu en animales mucho más convencionales, porque en la realidad que nos quiere vender Disney los loros no hablan y los monos no tienen la voz del pato Donald; definitivamente quedaría raro. Pero esta sustracción de elementos debe tener un límite o si no Aladdin dejaría de ser Aladdin. El problema es que la historia que Disney pretende contarnos necesita de todos estos elementos propios de las cintas de animación para resultar compacta y creíble, y estos elementos no se pueden pasar a una cinta de acción real sin resultar terriblemente anticlimáticos.

Por desgracia Abú es «mucho más mono» de lo que nos hubiera gustado.

La conclusión de todo esto es que, no solo Aladdin es una película muy mediocre, sino que además es el ejemplo perfecto de cinta que no debería ser adaptada a imagen real, más cuando su versión original sigue totalmente vigente y su comparación puede incluso llegar a producir vergüenza.

Esperemos que en años venideros Disney se centre más en ofrecernos historias como Enredados o Frozen y menos en adaptaciones como La Bella y la Bestia, Aladdin o El Rey León, que no sólo destruyen la infancia de todos aquellos que recordamos las cintas originales con un amor casi infinito, sino que además ponen una piedra en la lápida de la animación tradicional, que tanto echamos algunos de menos y que por suerte todavía Japón está dispuesto a darnos. Ahí os quedáis con vuestro Aladdin de 2019, me voy a ver la clásica, y cuando acabe, empiezo con El Castillo Ambulante.

Aladdin

4.5

NOTA GLOBAL

4.5/10

Destaca en:

  • Las canciones, sin ser mejores, se dejan ver muy bien
  • El estilo “Bollwood” en algunos momentos
  • Pese a todo, sigue teniendo momentos divertidos…

Podría mejorar:

  • … pero en general es mucho menos divertida que la original
  • Lo que han hecho con Abú y Iago no tiene nombre
  • Jafar es una sombra del recto, irónico y estupendo villano de la cinta original.

About Adrian

Adrian Arribas es fundador de Generación Friki. Su perfil de desarrollador Front-End le ha permitido crear el diseño de Generación Friki e ir adaptándolo a las nuevas tecnologías con el paso del tiempo (ya vamos por la 4ª versión). También se encarga de redactar artículos para todas las secciones, aunque se centra especialmente en videojuegos, cine y eventos. Fuera de Generación Friki Adrian es desarrollador Front-End, programador Java, Android e IOS.

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3 Comentarios

  1. Arthur McArthur

    ¿El estilo Bollywood te resulta algo positivo? Teniendo en cuenta que Arabia e India son países distintos, yo creo que precisamente eso es una cagada monumental…

    • Pusimos las comillas por simplificar, pero es obvio que la danza árabe y la danza hindú son diferentes, aunque puedan, según regiones, estar influenciadas, (por ejemplo las de influencia persa son habituales en el norte de África). En este caso concreto, la película peca de imitar el estilo Bollywood (fíjate en los complejos movimientos de las manos, narrando historias) cuando debería imitar el suave ondular circular de la danza árabe. Pero no quita como para que quede bien. Ojalá todos los fallos de la película fuesen las danzas.
      Un saludo y gracias por opinar.

      • Arthur McArthur

        Pues gracias a ti por la aclaración. No soy un especialista en esos estilos de baile, la verdad, pero el movimiento de las manos me parece lo de menos. Creo que en el caso de los bailes es bastante peor el hecho de que parezca que están hechos todos a cámara rápida, da la impresión de que el director haya sido aconsejado por Harold Zoid (Futurama). No es que estén mal hechos per se, pero me parece que podrían haber sido un poco más naturales. No obstante estoy de acuerdo contigo en que ojalá esos fallos fueran los únicos XD

        Particularmente en el apartado musical veo bastante peor los 10kg de Autotune INNECESARIOS que le han puesto a las voces de los cantantes (especialmente a la de Jasmín, un horror y un sinsentido sabiendo lo bien que canta Nikki García). Y como bien habéis descrito en el artículo, parece una película de Disney Channel de las de medio pelo, cosa que yo noto muchísimo en los nuevos temas, que podrían haber salido perfectamente de un High School Musical, y ni aún eso.

        Un saludo a vosotros y gracias por el artículo. Creo que muchos compartimos vuestro punto de vista y está genial que alguien lo haya puesto por escrito 🙂

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