FINAL FANTASY XVI: Canción de hielo y fuego y chocobos.

Que Square Enix no está pasando por sus mejores momentos es algo que ya sabemos todos. Sus constantes traspiés con juegos de entre medianos y altos presupuestos como Forspoken o Babylons Fall han supuesto un fuerte varapalo económico a una compañía que desde hace algunos años no sabe muy bien qué rumbo tomar.

La venta de algunos de sus estudios más brillantes como Eidos Montreal (Deus Ex), o Crystal Dynamics (Tomb Raider, Avengers), o las reiteradas noticias acerca de la intención de la compañía en desarrollar productos basados en NFT y Blockchain no hacen más que alimentar la sensación de que la desarrolladora japonesa va dando tumbos de un lado a otro sin tener clara una línea de acción que, por otro lado, cada vez se aleja más y más de sus orígenes, el JRPG.

Y es que si algo caracterizaba a Square y Enix cuando eran compañías independientes era su apuesta por el género que ellas mismas supieron elevar a la categoría de arte con juegos que hoy son indiscutiblemente obras de culto como Valkyrie Profile, Final Fantasy, Dragon Quest, Chrono Trigger, o Terranigma, por citar solo unos pocos.

Sin embargo, los tiempos cambian, y el presupuesto de una obra atemporal como Chrono Trigger hoy en día no da ni para el catering de lo que cuesta desarrollar un juego de primera línea, y si antes era suficiente con que el juego vendiese bien en Japón, hoy, si no llegas a los 7 millones de unidades vendidas, ni siquiera recuperas la inversión de los cerca de 200 millones de dólares que vale sacar adelante un juego como Final Fantasy 16 (2023).

Situaciones desesperadas, medidas desesperadas

Esto ha llevado a una situación límite, pues si bien es fácil acertar el tiro con Final Fantasy VII Remake (solo tienes que actualizar lo que un día ya funcionaba y el gigantesco respaldo del público al juego hará el resto), con Final Fantasy XVI la cosa cambia, ya que estamos hablando de una entrega numerada nueva, y como tal, un juego independiente en personajes, trama y universo al resto de la saga, algo que, aunque resulte difícil de creer, es mucho más difícil de vender. Recordemos que hoy en día un muñeco viejo con un sombrero nuevo se vende mejor que un muñeco nuevo. La filosofía del “cualquier tiempo pasado fue mejor” vive fuertemente arraigada en nuestra cultura, Hollywood lo sabe y los estudios de videojuegos también, y por eso nos pasamos (y nos pasaremos) la vida consumiendo lo mismo una y otra vez.

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De esto se deduce que vender un juego completamente nuevo (aunque lleve un 16 en el título) se antoja complicado en el mundo actual, y ni su presupuesto, ni el estado actual de Square Enix, con tanto fracaso reciente a sus espaldas, permiten margen de error alguno con FFXVI, así que ni corta ni perezosa Square ha tirado de la “sutil” inspiración en cine y videojuegos de éxito para meter en la batidora todo lo que es “guay” y tratar de sacar un Smoothie que le sepa más o menos bien a todo el mundo.

Canción de Hielo y Fuego y chocobos

Que Juego de Tronos ha sido El Señor De Los Anillos de la década (pese al horrible final) es algo que ya queda patente. Su influencia en la cultura pop es brutal, tanto que es posible que tu vecino no sepa quien es Joe Biden, pero seguro que te puede decir un par de cosas sobre John Snow, o Tyrion Lannister. Square lo sabe y ha querido que en Final Fantasy XVI te sientas como en casa, con un arranque inicial que recuerda en muchos detalles a la obra de George R.R. Martin, y que perdura durante las 50 horas de partida en las que situaciones, personajes y detalles nos remontarán a los siete reinos de vez en cuando, quizá demasiado a menudo para los amantes del JRPG Japonés.

Esa ansia por conectar rápido con el usuario, presentando un mundo nuevo pero lleno de detalles que se sientan familiares siempre ha sido marca de la saga Final Fantasy, pero la jugada se hacía con auto referencias a títulos pasados de la saga, y no a series de televisión y novelas de éxito mundial. Los chocobos siguen ahí, eso sí.

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También siguen los cristales, elementos mágicos muy importantes en los primeros títulos de la saga y que con el tiempo fueron perdiendo relevancia, pero que ahora se recuperan como elemento importante en la trama y bastante clave llegados a determinado punto. No obstante, en ese momento estás tan envuelto en tramas políticas entre casas feudales, traiciones y venganzas que el giro de la trama hacia el JRPG más clásico en su segunda mitad puede sentar hasta mal.

Sin embargo, de aquí se desprende el miedo de Square Enix a ser irrelevante, presentándonos una trama que ha sido estudiada para gustar a todos y no revelándose como lo que es en realidad hasta bien avanzada la historia: una jarra llena de Juego de Tronos en cuyo fondo se acumula un poso de Final Fantasy, un poso que no sabes si es mejor agitarlo para que se mezcle o dejarlo en el fondo.

Se acabaron los turnos, definitivamente.

Y es que el “querer gustar a todos” de Square Enix ha hecho tambalearse tanto los cimientos de la saga que incluso el sistema de combate ha dado el paso que le faltaba para ser, definitivamente, un hack and slash.

Si bien tanto Final Fantasy VII Remake como Final Fantasy XV ya tenían combates a tiempo real, estos incluían una parte importante de estrategia y planificación, ya fuese a través de darle órdenes a nuestros compañeros o de estudiar bien el equipamiento y las builds con las que contábamos. Algo que le daba la mano al nuevo usuario, pero agarraba con la otra al veterano, dando un poquito de cal y otro de arena, pero resultando satisfactorio para ambos.

Final Fantasy XVI no quiere esto. Lo que quiere es ser un juego de acción, uno en el que te limites a avanzar en la historia a través de un enorme y precioso pasillo muy bien disimulado, mientras vas encontrando enemigos a los que machacar haciendo combos. Se acabaron los compañeros de equipo configurables, las fortalezas o debilidades elementales, la sagrada trinidad (personaje tanque, personaje de daño, personaje de apoyo), la estrategia y la planificación. Square Enix quiere que cambiemos todo eso por el parry, la guardia perfecta, la esquiva y el combo aéreo de 21 hits.

¿Me parece mal? Pues sí, sinceramente. Pregúntales a los fans de Fifa que les parecería que el próximo juego de la saga se jugase por turnos y cartas, o a los jugadores de Gran Turismo si les parecería bien que añadiesen ítems y derrapes azules a lo Mario Kart.

Hacer que los combates no sean por turnos es algo admisible y consciente con el usuario de hoy en día (aunque la saga Persona haya demostrado que se puede vender un quintal manteniendo los combates por turnos), pero eliminar el factor táctico es básicamente arrebatarle el alma al JRPG (Japanese Role Playing Game), es quitarle lo poco que le quedaba de la “R” al juego, dejándolo solo en un “JPG”.

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Llegados a este punto, nos encontramos con que Final Fantasy XVI es un juego que apenas deja margen para la customización, que no permite tomar decisiones en su historia y que su desarrollo prácticamente lineal nos impide salirnos de una desdibujada línea recta que alterna escenas de video y partes de acción, por lo que, por lo que a mí respecta, Final Fantasy XVI está más cerca de Uncharted o God of War, que de cualquier otro título de la saga (a excepcion quizas de Final Fantasy XIII, que también era un pasillo, pero al menos este sí tenia un combate táctico).

Seamos sinceros, no todo es malo, de hecho al contrario.

Dejando claro que Final Fantasy XVI es un Final Fantasy porque lo pone en el título y que no cumple con ningún requisito para ser un JRPG salvo el de la duración, todavía nos queda la pregunta real y definitiva: El elefante en la habitación, ¿es un buen videojuego?

Pues sí.

Pese a que la trama está demasiado occidentalizada y que referencia constantemente a obras occidentales, es imposible negar su calidad y el enorme esfuerzo por parte de Square Enix por ofrecernos una historia digna de ser contada.

Sus personajes se alejan de los arquetipos manidos del género, son interesantes y tienen cosas que decir, van evolucionando a lo largo de la trama y algunos de ellos son exquisitamente grises. Su universo es interesante, complejo y muy cambiante, con una historia que se desarrolla a lo largo de bastantes años y que contiene sus propias culturas, religiones, fauna y mitología.

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También es digno de mención la valentía de una trama que se atreve con temas complejos y a veces delicados, que trata la muerte con crudeza y que sabe concluir de forma digna, cosa digna de elogio en los tiempos que corren.

He de decir que a nivel de historia, Final Fantasy 16 se ha sabido colocar en mi top 5 de la saga sin demasiado esfuerzo; también es uno de los videojuegos narrativamente más interesantes de los últimos años, que no es poco.

Todo esto es un arma con un poder enorme. Personalmente, me ha mantenido pegado al mando pese a mis enormes discrepancias con todas las decisiones de Square Enix con respecto al título, simplemente quería saber como continuaba la trama, qué pasaba después, que me esperaría detrás de esa puerta: Y es que, si bien hay videojuegos que te impulsan a seguir jugando por su increíble jugabilidad, como Zelda Tears Of The Kingdom, hay otros juegos que no puedes soltar porque estás tan enganchado a su mundo y a sus personajes, que es imposible dejarlos, como The Last Of Us, o este Final Fantasy XVI.

ACCIÓN Y  ESPECTÁCULO (así, con mayúsculas)

Por otra parte, su sistema de combate a tiempo real es simple, pero efectivo. Como amante del género y jugador habitual de este tipo de títulos, he de señalar que Final Fantasy XVI se encuentra lejos, lejísimos de la perfección en los combates que ofrecen sagas como Bayonetta, pero que no deja de ser un sistema solvente con sus puntos fuertes.

Y es que el momento más flojo de los combates de Final Fantasy se encuentra en esos combates montoneros contra enemigos genéricos, esos que nos encontramos en grupos por los pasillos con la única finalidad de hacerte ganar unos puntos de experiencia antes de llegar al boss. El sistema de combate no se lleva bien con el multi objetivo, y su excesiva facilidad (en la primera partida, nivel de dificultad “acción”) hace que estos combates sean aburridos y rutinarios. Sin embargo, cuando llegamos a los bosses es cuando el sistema se vuelve interesante, con golpes dedicados a bajar barra de resistencia (para aturdir al boss) y otros más enfocados a la esquiva o al daño directo; es en estas batallas donde el sistema de combate realmente brilla y se vuelve sin duda interesante.

Pero esto no es todo, y es que las batallas contra jefes se definen fácilmente con una palabra: espectacularidad. Porque incluso los subjefes de muchos niveles cuentan con diseños memorables, buenos patrones de ataque y algunas cutscenes antes, durante y después del combate que te dejarán alucinando.

Pero si hablamos de alucinar, no puedo dejar de mencionar los momentos cumbre del juego: los combates contra Eikons y grandes jefes.

Uf, aquí es donde Final Fantasy XVI echa el resto, con unos combates que son puro espectáculo técnico, una mezcla entre momentos de acción, cutscenes, QTE y fanfarria técnica que te deja aplastado contra el asiento.

A día de hoy, Horizon Burning Shores (en especial su final) y los final bosses de Final Fantasy XVI son para mi la única y verdadera experiencia next-gen, digno de ver.

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Al final, Square Enix me ha decepcionado convirtiendo una de mis franquicias favoritas en un juego de acción con diálogos, casi ha conseguido robarle el alma de Final Fantasy por completo y esto es algo que, si has jugado en su momento a la mayoría de los juegos de la saga como yo, te va a quedar claro desde el principio.

Sin embargo, Square Enix también ha sabido ofrecernos a cambio un muy buen juego que consigue algo a lo que la mayoría solo aspira: engancharte desde el principio hasta el fin, y además hacerlo durante casi 50 horas.

Me ha costado tanto soltar el mando como estar en paz conmigo mismo y aceptar este juego como la dieciseisava entrega numerada de una de mis sagas favoritas de toda la vida. Las cosas cambian más rápido de lo que lo hacemos nosotros, esto es un hecho y, o bien lo aceptamos, o nos convertimos en otro de esos viejos chochos que solo se quejan de todo.

Si algo hace falta en la industria son juegos buenos, Final Fantasy XVI a lo mejor no es un buen Final Fantasy, pero es indudable que es un juego bueno, muy bueno.

Final Fantasy XVI

8.7

NOTA GLOBAL

8.7/10

Destaca en:

  • De las mejores historias de la saga.
  • Las batallas contra los jefes finales son increíbles.
  • La banda sonora es digna de escucharse aparte.

Podría mejorar:

  • No cumple los requisitos para ser un JRPG…
  • …tampoco los cumple para ser un Final Fantasy.
  • Algunos problemas de rendimiento.

About Adrian

Adrian Arribas es fundador de Generación Friki. Apasionado de los videojuegos, el manga y el cine desde la más tierna edad, también se encarga de redactar artículos para todas las secciones, aunque se centra especialmente en videojuegos, cine y eventos. Fuera de Generación Friki Adrian es desarrollador de software.

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