EL DÍA QUE STARCRAFT GANÓ A THE LEGEND OF ZELDA OCARINA OF TIME

La década de los 90 en muchos sentidos se puede sentir como la gran etapa de los videojuegos. Tan prolífica y de tanta calidad que a veces podemos sentir que un debate sobre el tema se haría infinito. En mi caso, este artículo viene, no tanto a resolver esa disputa, como a contar cómo viví yo ese proceso de que The Legend of Zelda Ocarina of Time, un juego que a día de hoy se sigue considerando el mejor de la Historia de los Videojuegos, no supuso para mí ni la décima parte de lo que lo hizo el Starcraft.

¿Cómo puede ser, si ni pertenecen a géneros similares, ni se jugaba en la misma consola, ni jugaban en la misma liga, ni, ni… ni nada de nada? Oiga, señora, que la comparativa no es posible.

Bueno. Todo eso es cierto. Pero la idea de este artículo es cómo lo viví yo, ¿no?

La franquicia Zelda en España estaba en auge. Se esperaba como agua de mayo el siguiente juego de Nintendo y SE SABÍA que Ocarina Of Time iba a ser un éxito. Y lo fue, vaya si lo fue. Todo el mundo que en 1998 tenía una Nintendo 64 se puso a darle a darle con furia a esos botoncitos del mando/nave espacial más horroroso del mundo, mientras en las cabezas de los creadores puede que una idea no parara de rondarles la cabeza “y no va a parar la fiesta”.

Y las versiones y emulaciones posteriores (3DS, Game Cube, Switch…) han seguido manteniendo The Legend of Zelda Ocarina of Time bien arriba en cualquier lista con todas esas explicaciones por bandera a aquel que osara cuestionar la calidad del quinto juego de la franquicia y el primero en hacer uso de los gráficos 3D.

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Que si definió un montón de cosas como el uso de la cámara, el Z-Targeting, los movimientos, los ritmos… poco podría yo decir aquí que no se haya dicho ya, pero hasta en aquellos primeros años nos dábamos cuenta de que aunque Ocarina no fuera el primero, sí que fue el que lo hizo todo mejor que los demás. Rompió con lo anterior y sentó las bases para lo que fuera a venir. A día de hoy, se siguen aplicando esos cambios a los juegos.

Así que, sí, se sigue considerando en términos generales como el mejor juego de la Historia de los Videojuegos. El Ciudadano Kane de los videojuegos, si tuviésemos que hablar de alguno.

Pero NO es mi juego favorito, ni siquiera en su época. ¿Por qué? Porque fue el año de Metal Gears Solid, Half-Life, Suikoden 2, Panzer Dragoon Saga y…. de Starcraft. Y si sois seguidores de esta web y sus RRSS ya sabéis cómo me pongo yo con el Starcraft. Era imposible que la historia de Ocarina fuese más atrayente que la de Raynor, Tychus y Kerrigan.

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Claro, le metí horas a Starcraft como una condenada. Descubrí el multijugador en los famosos cybers… y no le presté al Ocarina tanta atención como debería de haberlo hecho. Entre Half-Life y Starcraft la comunidad gamer que yo rondaba tenía sus horas llenas y sólo dedicaba ratos muy pequeños de mi ocio al Ocarina.

Porque no era como si se pudieran alternar. En la época de la 3DS tú cerrabas la tapa y a la que la volvías a abrir seguías la partida donde te habías quedado. ¡Donde te habías quedado! ¡Locurón! Eso con la N64 no lo podías hacer, tenías que guardar la partida y ya se te estaban quejando los colegas de que los minutos en el cyber se pagaban.

Así que, una vez más, el sentimiento de colectividad pudo al individualismo y yo disfrutaba más de poder jugar tanto cooperativas como competitivas en los servidores públicos antes que estar en mi diminuto cuarto compartido con una hermana a la que no le gustaba el ruido de más.

Así que salir a la calle era la mejor opción y yo tenía un cyber a 5 minutos de casa.

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¡Además! Detalle desagradable: el juego venía originalmente y de forma íntegra en inglés (Nintendo quería que saliera todo a la vez en todo el mundo), así que tenías que echar mano de la guía con los textos traducidos que Nintendo adjuntó con el juego (por favor, echad un vistazo a mi sobada reliquia en las siguientes fotos) una guía de textos que se me hacía horrorosa de usar. ¿Cuál fue el resultado? Pues que me daba PEREZA andar parando de jugar cada dos por tres para leer los textos y, por un lado, entendí que si ese era el presente y futuro de los ARPG en MÍ NO IBAN A ENCONTRAR UNA USUARIA FÁCIL.

Tonta de mí, por otra parte, porque a día de hoy podría ser bilingüe como mis amigos. Si en vez de haber perdido tanto tiempo en la Escuela Oficial de Idiomas hubiera jugado más al Ocarina of Time y similares, a día de hoy sabría inglés.

Pero, queridos lectores, quiero que entendáis que yo en el colegio, instituto, universidad y posteriores estudiaba MUCHO y lo que no quería es que esa parte de ocio que constituían los videojuegos se convirtiera en más parte de mi aprendizaje. Eso hacía sumar puntos continuos al Starcraft y restarlos al Ocarina.

¿Pero compré yo de primeras el Starcraft?

No, no lo hice. Aunque más adelante usaba disquetes (sí, amigos, las tarjetas de memoria del momento) para llevarme mis avances de la campaña a casa, en general lo que hacía en un cyber era jugar a multijugador, así que usaba los Starcraft instalados en los PCs del negocio de turno para jugar. Es decir, NO TENÍAS QUE COMPRAR EL JUEGO y eso lo hacía más asequible que el Ocarina Of Time que en su momento valía un dineral, unas 8500 pesetas.

No hagáis el equivalente en euros porque no tiene sentido. Sólo haceros a la idea de que valía 89€ aprox. Puede parecer sólo un poco más alto de lo que estamos habituados a pagar a día de hoy por un AAA, pero la economía de los chavales no era demasiado boyante y muchos menos la mía. Y los padres no entendían este ocio. Por mucho que el Ocarina fuera un juego en España muy esperado y su precio dentro de la media de lo que valían los videojuegos en el momento SEGUÍA SIN SER ASEGUIBLE PARA TODOS LOS BOLSILLOS; así que no, NO era un juego que poseyeran todos mis amigos.

Sí que hubo algunos, sobre todos los pocos que tenían acceso a internet en casa, que compraron el Ocarina y disfrutaron de los muchos extras que venían con el juego. No era raro que los videojuegos vinieran con extras, pero este (¡encima!) tenía algunos más.

Lo propio de Nintendo era la Guía de Textos y la Guía de Juegos (esta había que pedirla por correo, que eso aumentaba mi pereza, otro punto para Starcraft) y el resto de las cosas eran ítems que conseguías con los cupones.

Nintendo lo vendió como el Santo Grial y la Segunda Venida de Jesucristo todo junto. Y claro, el hype era tremendo. La expectación era enorme incluso para aquellos que no pensaban jugar al juego. Y eso que lo que costó hacer el Ocarina a día de hoy sería calderilla, si tenemos en cuenta lo que valen los AAA.

Todo esto no ayudaría a que Starcraft se hiciera un hueco fácil en el mercado. Todavía recuerdo cómo crítica y público se mofaban en el E3 pensando que era un plagio de Warcraft, pero en el espacio. Los rediseños, los cambios de última hora y las decisiones de Blizzard no supusieron nada para mí en aquel momento. Yo estaba a otras cosas. Lo que sí sé es que desde que comencé a jugar a Starcraft nunca lo he abandonado. Por supuesto, luego vino Starcraft II con otra historia que me emocionó y nuevas formas de juego que… que no sabría explicar. Hace unos años, cuando todas las expansiones terminaron, escribí un artículo que casi parecía una oda de amor al juego. Es algo que nunca he hecho por Ocarina of Time. Aunque, siendo sincera, no creo que lo haga por ningún juego más.

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. Como novelista ha publicado La Ciudad que Olvidamos (2024) y está centrada en la publicación de nuevos títulos. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II.

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