BARBIE: i´m not a barbie girl in a barbie world.

Cuando las generaciones futuras se planteen si dedicar su tiempo a visionar o no la película de Barbie (2023) confío en que tengan presente algunos de los datos que más inclinaron mi balanza a favor de la primera película de acción real inspirada en la muñeca Barbie. Por un lado, en una época de remakes, reboots y sagas infinitas, Barbie es un producto único, diferente, y se siente muy fresco. Es verdad que no deja de ser una especie de biopic de un personaje, y que no es la primera franquicia de juguetes que se sube al carro de las películas, pero la percepción es que tratamos con algo distinto que vale la pena visionar.

Por otro, como licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas me parece fascinante la campaña de marketing y publicidad que la película ha tenido detrás. El branding generado hacia Mattel en general y Barbie en particular ha llevado a la marca a otro nivel, haciendo temblar los cimientos de su propio posicionamiento, en el ejercicio más arriesgado que la marca (que, por otro lado, estos últimos años iba viendo reducir su cuota de mercado de forma alarmante, así que, pelillos a la mar) se ha visto obligada a hacer. ¡Y qué bien le ha salido la jugada!

Barbenheimer, por el contrario, sí que ha sido un fenómeno al margen de la monstruosa mercadotecnia creada para la ocasión. Las redes sociales “haciendo lo suyo”, han creado una tendencia que, como ya comenté en mi análisis de Oppenheimer de una forma más exhaustiva, ha hecho batir récords de taquillas cuando y donde menos se lo esperaban los cines. Han conseguido que millones de personas se vistieran de rosa y acudieran a una cita doble visionando Oppenheimer (que, por cierto, sí es un biopic, de esos que tenemos a cientos a día de hoy) y Barbie en un mismo día.

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Érase una vez nuestra princesita en su mundo intocable perfecto…

 

Pero empiezo el análisis hablando de las generaciones futuras porque dudo que ahora mismo la gente sea consciente de lo bestial que es reposicionar la imagen de un producto a través de una película. No sólo es una estrategia arriesgada per sé, sino que nos encontramos ante uno de los objetivos más ambiciosos que se puede proponer el marketing: conectar tanto con aquellos que aman el producto, como con los que lo odian. Llegar a los nostálgicos y a los indiferentes. Hablarle a los millennials y a la Generación Z.

Y este objetivo tan complejo se ha traducido en que la propia película es muy dura consigo misma. Acepta las etiquetas negativas que le ha impuesto la sociedad a lo largo de sus 60 años de existencia en el ejercicio de cinismo más simpático que he visto en una compañía en los últimos tiempos.

Porque es de conocimiento público las críticas con las que ha tenido que lidiar Mattel (dejando aparte las denuncias por temas concretos) por culpa del aspecto de Barbie. Siempre se le ha achacado el promover una idea poco realista del cuerpo de una mujer, con las consecuencias que, sobre las mentes vulnerables de las niñas, podía tener para la salud física y mental. Tampoco pasaba por alto la sexualización de la muñeca, consecuencia tanto de las medidas del juguete como de las vestimentas que le ponían.

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Nuestra princesita ya no es tan perfecta…

 

Con estas críticas, ¿cómo creernos la frase/slogan de la creadora, Ruth Handler, “Tú puedes ser lo que quieras ser”? ¿Realmente se logró ese objetivo de que Barbie fuera una representación de una mujer que elige por sí misma? ¿No suena eso más a ooootra estrategia de marketing para vender más muñecas?

¿Y a quién le importa la película si podemos filosofar sobre los motivos para hacer esta película?

Pues es que Barbie, además, pretende ser una película de la que no se pueda prescindir fácilmente. Un argumento con el que cualquier ser humano pueda empatizar y, además, dentro del zeitgeist actual. Un zeitgeist indudablemente feminista, muy sensible, concienciado y complicado. Un caldo de cultivo perfecto para la siguiente sinopsis:

La Barbie Estereotipada (Margot Robbie) vive en Barbieland en una sociedad matriarcal donde las mujeres son autosuficientes, exitosas y seguras de sí mismas. Mientras los Ken pasan el día en actividades lúdicas ellas han ocupado los puestos de poder. Un día, nuestra Barbie se ve asaltada por una duda sobre la muerte. Este será el primer paso para descubrir que está empezando a ser defectuosa, síntoma de que alguien en el mundo real no está jugando con ella de la manera adecuada. Acompañada por Ken (Ryan Gosling) viaja al Los Ángeles real para solucionar el problema.

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¿Quién puede separar a una Barbie de su Ken?

 

El existencialismo y la división de género.

Sí, este comienzo es un road trip de manual con crisis existencial incluida y una puesta en escena – vestuario, banda sonora, fotografía – espectacular. Pero lo que parecía un trabajo en equipo de la independiente Barbie y el Ken ninguneado termina siendo un trabajo individual y ambos acaban volviendo en diferentes momentos a Barbieland con ideas diferentes de lo que significa el ser humano y de cómo deben vivir su vida para resolver sus problemas.

Es una historia de búsqueda de identidad, de propósito en la vida, de consecución de objetivos. El problema que le veo a Barbie es que no hay una conciencia real de que ni el matriarcado, ni el patriarcado sean las elecciones más adecuadas. Todo tiene un tinte agresivamente feminista (casi hembrista), haciendo quedar a los hombres como neandertales, a través de escenas nada sutiles ni inteligentes. Es cierto que todo se realiza bajo el prisma del humor, con escenas de acción y una catarsis que se siente como un gran ¡zasca! al ego masculino. Pero resultaba humillante ver a Simu Liu, Scott Evans, Kingsley Ben-Adir, John Cena o Ncuti Gatwa como los diferentes Ken (o incluso al aliado Allan – Michael Cera) sin un ápice de inteligencia emocional y siendo pasados por todos los clichés masculinos.

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Te quiero, pero sólo como amigos.

 

Esto podría verse simplemente como parte de la comedia que impregna la trama y que la directora Greta Gerwig quería transmitir, pero el guion no se contenta con esto e incluye una partida de empresarios varones (Will Ferrell, Jamie Demetriou, Connor Swindells) totalmente inútiles y cuya aparición da vergüencita ajena (aparte de que su presencia o no en la película es irrelevante, no cambia absolutamente en nada la trama). Su existencia no llega ni a MacGuffin, todo podría haberse resuelto de maneras más inteligentes.

Esto es extensible a la introspección de la propia Barbie. Su lucha por el libre albedrío se acaba reduciendo a una escena sacada de Matrix, con su propio arquitecto hablándole sobre el individualismo y la autonomía. Lástima que una escena tan trascendente, por muy cutre que sea la ejecución, sólo haya abarcado al personaje de Barbie, siendo la resolución del conflicto de Ken igual de importante.

¿Tendré mi propia catarsis llena de feminismo y empoderamiento?

Yo no crecí con Barbie. Lo más correcto sería decir que no me gustaban las muñecas, aunque soy consciente de que en mi casa había Barriguitas y Chabels. No he visto la película por el componente nostálgico y sí me he sentido inundada de emociones más a nivel intelectual que emocional. Quizás por ello Barbie me ha generado sensaciones encontradas, pero soy consciente de que el guion y los temas que propone están ahí para hacerme sentir de una determinada manera…y no lo han conseguido. Quizás la película no esté dirigida a mujeres ya empoderadas. Quizás es que soy “la Barbie Rara” de la que habla la película y no me rijo por los mismos cánones. Creo que se puede disfrutar de Barbie y no plantearse muchas cosas, pero es complicado; el film, como mencioné antes, no está dirigido a ser puro y simple entretenimiento, sino a remover conciencias, a ser tremendamente actual en sus ideales y, por supuesto… a vender muchas, muchas, muchísimas muñecas.

Barbie

7.5

NOTA GLOBAL

7.5/10

Destaca en:

  • Su audiencia intergeneracional.
  • Un gran anuncio de 2 horas con un packaging excelente.
  • Es diferente en su planteamiento y ejecución.
  • Fotografía, banda sonora y vestuario maravillosos.
  • Se siente muy fresca, única.

Podría mejorar:

  • Se puede ser feminista sin atacar de manera tan gratuita al hombre.
  • La resolución del conflicto respecto a Ken está poco trabajada.
  • Los empresarios de Mattel son personajes que no aportan a la trama.

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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