MAESTRO: El mundo quiere que solo seamos una cosa.

Podemos ver Maestro (2023) como un simple biopic del famoso de turno y, si su vida nos parece interesante, pues darle más rédito o menos a la película. No es un mal punto de vista y, en general, nos puede hacer pasar un buen rato. En el caso de Leonard Bernstein (1818-1990), si te gusta su música, pues posiblemente disfrutarás más el film. Igual que en este par de años nos ha pasado con Elvis, RocketMan o Bohemian Rhapsody que, por casualidad, son mejores ejemplos de lo que nos creemos, al tocar, adelanto ya materia, dos de los temas claves de Maestro: las drogas y la homosexualidad.

Pero Maestro no empieza para nada de esta manera: comienza con una mujer, Felicia Montealegre. Porque hablar de un artista, no se puede negar, pasa por hablar de las personas que hay en su vida. Siempre habrá quien os diga que se puede separar al hombre del artista (a menudo lo hacemos, no hay nada malo en ello), pero podemos perdernos matices de su obra al no intentar ver qué era lo que quería crear, por qué lo quería de determinada manera y en qué momento de su vida lo hizo. En definitiva, comprender mejor sus motivaciones.

“No se trata de un hombre que lucha con su sexualidad, sino de un hombre que lucha con su propia identidad”.

Así que, por una vez, meternos en la vida de un hombre y definirle (en parte) por su sexualidad está justificado. Hoy en día sabemos que la relación de Bernstein con otros hombres es una parte importante de su legado. No tanto por ser un defensor de los derechos de los homosexuales y una inspiración para personas que no querían/podían salir del armario, sino porque la complejidad de su persona y de su sexualidad abrió la puerta a entender que, aunque el mundo quiere que seamos sólo una cosa, el ser humano es tremendamente complejo.

De cualquier forma, su manera de vivir resultaba muy controvertida en su época. Hay quienes le tacharon de hipócrita al considerar que llevaba una doble vida. Hoy en día tenemos una etiqueta para eso: relación abierta. Otros le defendieron viendo en él a un hombre atormentado que luchaba contra sus demonios. La película de Maestro refleja muy bien esta dicotomía, ayudada por el personaje de Felicia Montealegre (Carey Mulligan), mujer que conocía los gustos de su marido desde su noviazgo y que, durante toda su vida, a pesar de frecuentes celos, mantuvo una actitud de tolerancia y apoyo.

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Maestro nos hace pasar por todas las fases de su matrimonio a través de los años. Se centra mucho en la relación que mantienen ambos, en sus hijos (interpretados por Maya Ray Thurman, Sarah Silverman, Alexa Swinton y Sam Nivola), en los proyectos conjuntos en los que se embarcaron y en el estilo de vida que llevaban. Ambos eran artistas, él músico y ella actriz, y en un EEUU en continuo estado de prosperidad debieron de llevar una vida bohemia a la par que lujosa, y eso es posible que les hiciera finalmente no disfrutar de nada.

Quizás por eso no estoy de acuerdo con las declaraciones que consideran que Maestro no pretende centrarse en la compleja vida sexual de Leonard. Aunque no fuera su intención, acaban haciéndolo y sólo algunas frases o pequeñas escenas que pretenden derrochar sabiduría modernista podrían refutarlo. Pero si la intención de Bradley Cooper, guionista, director y protagonista del film, era mostrar la biografía del compositor y director de orquesta Leonard Bernstein debería de haber explorado más su carrera musical. Eché en falta más escenas que me hicieran entender la mente del artista.

Sí que es cierto que la composición de la película decide hacer uso de los flashbacks, mostrándote un Bernstein mayor que habla sobre su relación con la música haciendo uso de frases como “Amo la música y me aferra a la vida cuando estoy deprimido, mi ética del trabajo me mantiene a flote.”, o “A medida que se acerca la muerte un artista debe desprenderse de todo lo que le coarta.”. Y esto es lo que convierte Maestro en una película mediocre que necesita del estilo testimonial, del recurso de la entrevista, para hacer hablar al protagonista y que nos cuente cómo es. Lo original, atrevido, complicado, hubiera sido mostrar esos pensamientos a través de escenas que no lo dijeran con palabras. Pero, de nuevo, se ha ido a lo fácil para darnos todo masticadito.

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Y el caso es que la película comenzaba muy bien. En blanco y negro, con formato 4:3 y un ritmo acelerado para dar esa sensación de futilidad en el Nueva York de la época. Un tempus fugit que casaba muy bien con la personalidad de Bernstein, para la que la vida debía ser absorbida en plenitud, sobre y ante todo amando a aquellos que compartían su camino. El film destaca su relación con el músico David Oppenheim (Matt Bomer), con el director Jerome Robbins (Michael Urie), para terminar con el músico Tommy Cothran (Gideon Glick).

¿Tiene sentido por tanto ese cambio a color y formato 16:3 cuando la historia avanza, justo cuando ya tenemos a ese matrimonio de mediana edad asentado? Maestro empieza a dar tumbos, a no contarnos nada, a fastidiarnos con una estructura narrativa caótica, desinflada y carente de contenido. Y se siente demasiado gafapasta. No sé si porque Bradley Cooper asumía que, ya que él es americano y conoce al músico, pues el resto del planeta también; pero cae en el error de querer hacer una estructura narrativa compleja y confusa, con cortes extraños y saltos temporales abruptos y hace perder atractivo a la película.

Finalmente, Maestro se siente como una película muy desigual en ritmo, actuaciones, estructura, montaje y objetivo. Esto último es lo que más me molesta puesto que, aunque sea un biopic, creo que es importante tener un propósito claro, un final. Contar la vida de una persona no debería terminar con una moraleja, pero hacer una película sí debe tener como motivación algo más que seguir la corriente de moda de las biografías de músicos en la gran pantalla. Me gusta pensar que “No se trata de un hombre que lucha con su sexualidad, sino de un hombre que lucha con su propia identidad” es lo que quiere contar la película, pero, con franqueza, le falta mucho para llegar a ser esa genialidad que los premios y nominaciones quieren hacernos creer que es.

Maestro

5.5

NOTA GLOBAL

5.5/10

Destaca en:

  • Nos acerca la vida y no sólo la obra del gran Leonard Bernstein.
  • Tiene algunas escenas técnicamente interesantes.
  • Intenta mostrar la diferencia entre una lucha por la sexualidad de una por la identidad.
  • Hay una escena musical brutal…

Podría mejorar:

  • …Pero sólo una.
  • Confusa, errática y sin objetivo claro.
  • Su estructura narrativa y sus saltos temporales la hacen un poco aburrida.

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. Como novelista ha publicado La Ciudad que Olvidamos (2024) y está centrada en la publicación de nuevos títulos. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II.

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