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LOS BESTSELLER Y EL CASO DE HARRY POTTER

Hace unas semanas me invitaron a una conferencia en la Casa de México de Madrid. Dicha ponencia llevaba por nombre el mismo que yo uso para el artículo y, si bien el tema de la exposición era de por sí interesante, mi interés se centraba en la pregunta concreta que ahora os formulo como preámbulo de este artículo: ¿es posible la canonización de un bestseller? Y como complemento e incluso consecuencia de esta pregunta, ¿asistimos con la saga de Harry Potter a la canonización de un bestseller?

Obra canónica vs bestseller.

Todos entendemos qué es una obra canónica, aunque no usemos esas palabras. Normalmente hacemos uso del vocablo clásico, que nos produce sensaciones controvertidas. Desde el colegio nos han ilustrado acerca de las bondades de los clásicos, tanto nacionales como internacionales. Eran materia de lectura obligada y muchas veces, ya fuera por nuestro desinterés o por nuestra corta edad (a menudo por ambas razones), prescindíamos de su lectura. No es este artículo una reflexión sobre si deben leerse los clásicos o no (que ya llegará, es un tema habitual de discusión), pero sí que su pertenencia a esta sección, a este privilegiado grupo de obras canónicas, lo hace digno de estudio porque, ¿qué es lo que convierte a una obra en un clásico?

La respuesta no es a día de hoy un misterio. Son obras reconocidas por los expertos (intelectuales, académicos, críticos…) como libros de gran calidad. Poseen el prestigio, consecuencia de que la crítica aprueba el contenido tanto en su forma como en su fondo. Son obras leídas, analizadas, traducidas, con gran repercusión social y, lamentablemente, son de lectura esforzada, es decir, hay una dificultad en la comprensión de toda la obra. Por regla general, también requiere un conocimiento previo de algunas materias en particular (según el género y temática del libro) y sobre cultura en general.

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Recreaciones del universo.

¿Y qué pasa con el bestseller?

El bestseller o superventas (término español más adecuado, pero que no usaré dado que la ponencia usaba el término anglosajón) es una literatura destinada a llegar al gran público y cuya principal característica es que genera muchísimas ventas. Al contrario que con las obras canónicas, que generan prestigio, aquí existe la fama: tienen visibilidad y la gente las conoce. Su lectura es de tipo adictivo; es decir, lectura fácil que genera en el lector fidelidad y adicción.

Aunque hay bestseller que, como entretenimiento, son de una calidad indiscutible, de lo analizado hasta ahora inferimos que hablar de obras canónicas es hablar de calidad y hablar de bestseller es hablar de ventas. ¿Es posible un desplazamiento de una obra de un lado al otro?

Harry Potter y la piedra filosofal se publicó en 1997. Es el primero de una saga de siete libros escritos por J. K. Rowling en lo que supuso su debut como escritora profesional. Dada la escritura irregular, las inconsistencias constantes, las incongruencias monumentales en el world building, el estilo infantil y la sencillez de la prosa en cuanto a contenido, no debería haber pasado de ser un bestseller, pero algo pasó mientras el mercado editorial evolucionaba y el fenómeno fandom surgía que, de alguna manera, se aunaron ambos estilos asistiendo con Harry Potter a una canonización de un bestseller.

Inserción de la obra en el circuito educativo.

Harry Potter ha generado una cantidad asombrosamente alta de artículos científicos. Artículos que analizan ya no su éxito, sino aspectos formales de la saga. Hasta entonces, sólo El Hobbit y El Señor de los Anillos del excelentísimo John Ronald Reuel Tolkien habían conseguido un éxito semejante, existiendo hasta cátedras para hablar del autor y su obra. Ahora, se analiza unos libros que comenzaron como el acto desesperado de una señora que no sabía ni escribir. ¿Cómo pudo equipararse en tan poco tiempo la maestría del escritor, filólogo, catedrático, poeta y miembro de la Real Sociedad de Literatura a la mediocre escritura de J. K. Rowling?

Podemos suponer que el aspecto económico influye. Harry Potter se había convertido en un producto financieramente muy rentable. Videojuegos, películas, clubs de fans, fanfictions (no es para tomarlo a la ligera, 377.475 obras derivadas de Harry Potter, que se dice pronto), merchandising en casi cualquier tienda que podáis imaginar, desde negocios de barrio hasta grandes firmas y, lo más impactante, un país (Reino Unido) destinado a ser el gran parque de atracciones para cualquiera que quiera vivir de cerca la experiencia Harry Potter. No sólo Londres, como imagina casi todo el mundo, sino que, abanderados por Inglaterra y Escocia, puedes realizar free tours, viajes especializados, visitas a lugares de rodaje, compras en tiendas gigantescas tematizadas… hasta que te sale Harry Potter por las orejas.

Pero no es razón suficiente para escribir ensayos y celebrar sesudas reuniones. El Señor de los Anillos no necesitó los viajes a Nueva Zelanda o la venta de fanfictions o la creación de su espectacular merchandising para que la crítica y los académicos se interesasen por ella. Eso es cosa de los mass media, la globalización, los social media y el fenómeno fandom.

#HarryPotter es en gran medida el resultado del fenómeno fandom, la globalización y la acción impetuosa de los mass media y los social media. Clic para tuitear

Todo esto me hace reflexionar si el éxito de Harry Potter (tan desmesurado, voraz, imparable) ha sido lo que nos ha hecho estudiarlo hasta llegar a la conclusión de que es canónico, o si estamos simplemente sobreanalizando una obra.

No me extraña el éxito de Harry Potter como tal. Su notoriedad puede deberse a su llegada en el momento y lugar oportuno. Un triunfo aumentado e impulsado por los mass media, los social media (en especial las redes sociales, por supuesto), hasta llegar a un punto en el que no nos ha quedado más remedio que analizarlo.

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Proliferan las tiendas de productos oficiales de Harry Potter por doquier.

El profesor José Antonio Cordón García nos hablaba en la conferencia Los Bestseller y el caso de Harry Potter de la creación de nuevas necesidades, de la obsolescencia programada asociada a los libros, de la economía de prototipos y de tantos aspectos que el grupo de investigación electrónica E-LECTRA analiza para entender por qué se da este cambio de paradigma en la lectura.

Por mi parte, creo que es pronto, muy muy pronto. Muy pronto para analizar, decidir, dictaminar, canonizar. Sólo han pasado 25 años desde que se publicó la primera parte de la saga Harry Potter y eso, en la historia de la literatura, es un suspiro. No somos objetivos porque nos hallamos inmersos en esta vorágine de magos y lucha tópica entre el Bien y el Mal. Demasiada ropa mona en el Primark y figuritas chulas en Fnac. No sé si nuestros hijos han leído los libros, pero tienen la mochila, la sudadera y el cuaderno de la Casa a la que hayan decidido pertenecer. Harry Potter se ha convertido en una marca y ¡oh, sí!, la gestión de publicidad es algo que sí llevamos muchos años haciendo, y lo hacemos muy bien. Pese al férreo control de Wizarding World gestionando todo lo que tiene que ver con Harry Potter.

¿Permanecerá Harry Potter en el tiempo?

También es muy pronto para saberlo. Si realmente se convierte en una obra canónica podríamos decir que sí. Pero también sabemos que la fama es efímera. La misma J. K. Rowling ha sido víctima de ello con esa persecución tan loca por su supuesta transfobia. Un comentario en redes sociales, un nulo diálogo previo y tu éxito se puede ir al garete. Te consideran un TERF (Trans-exclusionary Radical Feminist) y te etiquetan de por vida. Los mismos que te ensalzan en redes sociales te bajan del pedestal al momento siguiente.

También Harry Potter fue etiquetado. Surgió con el inicio de los mass media frikis y la necesidad de pertenencia a un grupo de la población adolescente. J. K. Rowling copió el estilo de la literatura las aventuras de niños en internados tan habitual desde hace más de un siglo en Inglaterra y le metió magia. Una buena idea que acabó resultando una idea cojonuda. Pero la pregunta sigue ahí, ¿merece ser considerada una obra canónica? ¿qué opináis vosotros?

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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