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THE CROWN (T4): cosas de Lady Di y Margaret Tatcher

He ido viendo temporada tras temporada de The Crown con ese placer con el que se degustan las grandes obras que sabes que están hechas para perdurar en el tiempo. No son un Juego de Tronos que seguiremos viendo porque somos unos frikazos, ni un Cómo conocí a vuestra madre porque queremos y necesitamos seguir riéndonos, sino una de esas series hechas despacio y con mimo y que cuentan nuestra Historia (la de Reino Unido, concretamente).

Debería haber dedicado algo de tiempo a ir analizando la primera, o segunda, o tercera temporada, todas magníficas en muchos sentidos: actuaciones, puesta en escena, guion…pocas cosas malas se pueden decir de ella, pero como bien sabéis, no me da tiempo a escribir sobre todo lo que querría. No obstante, esta cuarta temporada de The Crown me ha resultado, quizás por lo familiar, muy especial y he querido detenerme en ella.

La aparición de dos personajes históricos, nunca mejor dicho.

Hay personajes de los que sabemos aquello que la Historia escribió. Igual en el colegio os llamó la atención aquella llamada la Dama de Hierro, quizás os gustan los cotilleos y Lady Di era una fuente inagotable llenando revistas de moda y del corazón; de cualquier forma, han sido dos personajes que han marcado esta cuarta temporada y, no sé a vosotros, pero a mí me han dado mucho en qué pensar sobre las relaciones entre la monarquía y el gobierno, entre la realeza y la plebe, entre los matrimonios por amor y aquellos que se realizan por compromiso y, en una serie de este estilo, en aquel famoso “qué dirán”.

Y puesto que son las apariencias el eje sobre el que acaba girando The Crown al completo, es indudable que una de las mejores formas que tengo de analizar esta cuarta temporada es centrándome en esos dos personajes femeninos, interpretados magistralmente por Gillian Anderson y Emma Corrin. Ambos totalmente diferentes entre sí, pero con el mismo papel que desempeñar: servir al país.

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Pese a que a día de hoy estemos muy acostumbrados a los ninis, o a gente que se independiza sin saber freír un huevo o a adultos de 40 viviendo con sus padres, la realidad a principios de los 80 era que con 20 años, como tenía Diana Spencer cuando se prometió con el príncipe Carlos (interpretado maravillosamente en esta temporada por Josh O’Connor) la gente ya tenía su vida encauzada, trabajaban y no era raro casarse y tener hijos. Uno era adulto, vamos.

Por eso me llama tantísimo la atención que Diana (y Carlos, que no se libra, pero no quiero convertir este artículo en una retahíla gratuita de insultos a la Corona británica) fuera tan inmadura, tan infantil y tan egoísta para anteponer sus deseos a los de la Corona, habiendo asumido libremente el compromiso de servir a su país casándose con el heredero.

Mismo papel, diferente actitud.

Puede gustarte más o menos Margaret Tatcher, ya sea ella o sus políticas, pero la diferencia que muestra The Crown frente a la actitud que las dos mujeres toman ante los problemas que les van surgiendo es tan abrumadora que toda la temporada 4, aparte de disfrutar de la misma factura técnica, guion, escenarios, fotografía y actuaciones excelentes, te planteas hasta qué punto pretendían los guionistas desmitificar a la más joven y realzar a la mayor, mediante capítulos que muestran tanto su actuación en la vida personal como en la profesional.

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Así, no es sólo que prime la experiencia y la edad sobre la juventud, sino que el aporte por parte del director es involucrar a dos personajes tremendamente dispares en la misma temporada a fin de que haya conflicto y comparativa. Enfrenta dos tramas, la de la déspota contra la malcriada, la política frente a la social, la clásica frente a la moderna, el deber frente al placer. Y la dicotomía no es enfrentarlas, eso viene solo dado que ambas pertenecen a la misma época, pero The Crown se sirve de ello para forzar, no tanto el dramatismo (otro detalle que siempre he alabado en esta serie, dramatismo, no melodrama), sino el avance de la historia.

Sobre la fidelidad a la Historia y la Corona en general

La gente suele pensar que es fácil hacer series históricas, dado que “sólo”tienes que guionizar algo que ya está escrito, pero cuando quieres generar sensaciones en un público que adora/odia a un personaje histórico (y es fácil, porque padres, abuelos, etc, han vivido los acontecimientos que se narran en esta última temporada)la complicación es obvia. Vas a tener que coger personas queridas, polémicas, y desgranarlas y, posiblemente desmenuzarlas.

Y realmente siempre ha sido así con The Crown. Las mujeres han sido las grandes protagonistas, tanto las reinas (Claire Foy / Olivia Colman) como la hermana (Vanesa Kirby / Helena Bonham Carter), hija (Erin Doherty) y algunas más, pero en esta ocasión llegan dos “personajes secundarios” a trastocar el orden de la Corona y a desviar nuestra atención del resto de las tramas hacia dos mujeres que accedieron al poder por caminos distintos y nos absorben para que veamos qué hicieron con él.

Llegará una quinta temporada de The Crown y puede que Diana y Margaret desaparezcan de escena, pero si algo ha hecho grande a esta temporada es esa sensación continua de que el poder no heredado hace librar grandes batallas internas en las personas. Algunas sucumben a él, otras simplemente se acostumbran. Desgraciadamente las hay que lo dan por hecho, con todas sus consecuencias. A mí, finalmente, me ha acabado haciendo gracia; pensaba que la Corona española era la que más mierda escondía tras la alfombra y resulta que la británica no le anda a la zaga. Y aun así, qué curioso, los ingleses son absolutamente pro-Corona,algo estarán haciendo bien las mujeres por allí.

The Crown

8.5

NOTA

8.5/10

Destaca en:

  • Factura técnica intachable.
  • Hechos históricos relevantes y bien hilados.
  • Actuaciones soberbias.
  • Dirección, producción y cinematografía se siguen manteniendo altas.

Podría mejorar:

  • Como cualquier otra serie histórica, ¿nos podemos fiar de lo que nos cuentan?

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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