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RAISED BY WOLVES (T1): ¡cómo nos gusta autodestruirnos!

Son buenos tiempos para las series de ciencia ficción. No tengo ni que mencionarlo. Tenemos de todo y para todos los gustos. Por ello, Raised By Wolves (HBO Max, 2020) llega en un momento en el que competir es complicado. No sólo tienes que ser firme en los conceptos científicos, sino que la historia, ritmo, ambientación e interpretaciones puedan engancharte a todos los niveles. Nos hemos vuelto exigentes y, si encima eres friki, seguro que también un poco tiquismiquis.

Por eso, los 10 capítulos de esta primera temporada de Raised By Wolves que he devorado me dejan tan sorprendida como satisfecha. Porque esta serie de ciencia ficción y drama no es espectacular, no parece especialmente novedosa, pero el conjunto de todos sus elementos la convierten en una de mis favoritas este año (un año 2020 del que es evidente que no esperaba mucho, por otro lado) y muy contenta de que haya confirmada una segunda temporada.

La premisa de la serie parte de dos androides, Padre (Abubakar Salim) y Madre (Amanda Collin) que llegan a un inhóspito planeta, abandonando una moribunda Tierra, encargados de criar niños humanos y empezar de cero. Las guerras entre creyentes y ateos acaban dificultando esta tarea, ya de por sí complicada, debido a múltiples sucesos de diferente origen.

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Raised By Wolves hace evolucionar su sencilla premisa poco a poco, dándote la imagen de ser una historia de supervivencia y relaciones entre humanos y androides, para ir desgranando ideas tan originales como confusas, y que no siempre serán del agrado de aquellos que gustan de personalidades blancas o negras.

Digo esto porque el ser humano es complicado y Raised By Wolves acude a la visceralidad más fuerte que puede encontrar y juega con ella una y otra vez y por regla general de manera poco sutil: androides que quieren ser padres, niños sin hogar, familia que muere, padres que buscan a sus hijos, traumas juveniles…y todo en un marco postapocalíptico en el que los enemigos, el hambre y el clima no dejan de azuzarles. Si algo queda claro con Raised By Wolves es que no te da un respiro.

Y suena irónico que tras decirlo aclare que no es una serie con un ritmo rápido; fluido, eso sí, pero hace uso de los ademanes tranquilos de Madre y su estilo de voz pausado, para generar tranquilidad y equilibrar el ritmo de una serie en la que no dejan de pasar cosas. Ella es una de las grandes protagonistas y la estupenda actuación de Amanda Collin ayuda a que los intérpretes más jóvenes (Winta McGrath, Jordan Loughran, Felix Jamieson, Ethan Hazzard, Aasiya Shah, Ivy Wong) destaquen en sus interpretaciones hasta cuando ella no está presente.

Las actuaciones de tanto personaje infantil se complementan a la perfección no sólo con aquellos que interpretan a androides, sino con los adultos (Matias Varela, Travis Fimmel, Niamh Algar) que en este universo parece que existen sólo en dos variantes: los soldados ateos y los soldados creyentes.

Una serie de ciencia ficción siempre es algo más

No ocurre siempre, a veces sólo te ofrecen mero entretenimiento, pero las obras de ciencia ficción suelen tener algún tipo de trasfondo u objetivo que en el caso de Raised By Wolves está muy claro: mostrarnos la capacidad de autodestrucción del ser humano. El tema de las guerras y los mundos postapocalípticos no por trillados resultan menos plausibles, pero el hombre se ha mostrado siempre cabezota, poco empático y contradictorio en sus resoluciones, provocando aquí estupendos debates entre los androides que ven cómo los humanos, tan complejos, no son capaces de tomar decisiones simples que ayuden a su supervivencia.

Es la ironía con la que juega la serie una y otra vez, haciendo que los androides influyan en el carácter de los niños, en pos de que no cometan los mismos errores que los adultos (aunque la Historia ya nos ha mostrado cómo acaba la cosa una y otra vez), intentando que el espectador entienda el conflicto entre razón y fe, entre coherencia e incoherencia, todo tan ligado a la naturaleza del ser humano.

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El mundo está claro que presenta muchos secretos, no sólo es el planeta hostil y deshabitado que nos muestran al principio, convirtiéndose por derecho propio en otro de los personajes de la serie, ofreciendo una respuesta por cada enigma que se presenta y siendo ella misma un recurso narrativo visual de lo que nos vamos a encontrar en la serie (terror, tensión, desolación, seres extraños…) y usando todo ello, como buena serie del s.XXI, para dejarnos  con potentes cliffhangers en el último capítulo.

Finalmente, Raised By Wolves enamora con su sorprendente presentación, moviéndose entre la incomodidad de un mundo hostil, impredecible y enervante, con su paleta de colores ocre tan bien escogida, y la belleza salvaje de las tecnologías más avanzadas, la ternura de los androides y la verosimilitud de las tramas. Se nota la mano de Ridley Scott por ahí, claro.

No hubiera estado de más que la serie se hubiera esforzado en pulir esos detalles que te estropean la experiencia y hacen que bajes la nota a la serie (sin spoilers, simplemente daros cuenta que, cuando les conviene, no se usa la tecnología para solucionar los problemas), pero por ahora tenemos con Raised By Wolves una serie de la que espero que no hayamos visto todas sus cartas ya que sería una pena que se acabase convirtiendo en divulgación barata teísta con antagonistas (si es que los hay) tan básicos como fanáticos religiosos. Espero sinceramente que la serie dé para más.

Raised by Wolves

7.7

NOTA

7.7/10

Destaca en:

  • Simple, pero efectivo argumento.
  • Todo parece ser más de lo que es.
  • Ritmo, interpretaciones y guion decentes.
  • Lo original del universo construido.
  • El personaje de Madre interpretado por Amanda Collin.

Podría mejorar:

  • Inconsistencia de algunas tramas, cuando ves las decisiones que se podrían haber tomado.
  • Las conversaciones entre los niños no aportan mucho a la trama.

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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