EL CORREDOR DEL LABERINTO: pues eso, todos a correr

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Si hubo un momento adecuado para decir “soy demasiado vieja para esta mierda”, desde luego es este. Hace unos días me leí una recopilación de Torres de Malory y no sentí que estuviera leyendo literatura juvenil. Me encuentro con El corredor del laberinto y no podría haberme sentido más viejuna.

Quería que esta crítica sirviera como introducción para la segunda película que está por venir (como siempre, sin spoilers) sin incitar con ello ni a verla ni a no verla. Como con todas las películas basadas en libros, (Canción de Hielo y Fuego vs Juego de Tronos; El Hobbit con su homónima…) existe un encontronazo entre los textos escritos y las películas. ¿Es mejor leerse antes los libros? ¿Son mejores los libros que las películas? Creo que en este caso viene a dar igual lo que hagáis porque ambos son bastante malos. Y empiezo mi crítica:

Nos encontramos a un grupo de chavales de catálogo encerrados en el centro de un laberinto sin recordar nada de su pasado y sin saber por qué están ahí (o sea Cube). Puesto que les dan comida y herramientas para su entorno “hostil” no se plantean seriamente salir de allí, lo que lleva a algunos como a Gally (Will Poulter) a una especie de Síndrome de Estocolmo por el cual consideran El Claro como su verdadero hogar. Obviamente, para que la historia funcione, otros como Alby, el líder (Aml Ameen) tienen que buscar una salida.

La acción se desata cuando llega Thomas (Dylan O´Brien) con, por lo visto, más curiosidad que el resto y menos ganas de pasar lo que le queda de vida encerrado con montones de maromos en plena expansión de las hormonas. Su rebelión lleva al grupo a cuestionarse las reglas (sé útil, ten confianza en los demás, no cruces los muros) que ellos mismos se habían impuesto, al más puro estilo “El señor de las moscas” o la más actual Divergente, provocando una auténtica Battle Royale y no sabemos si también con la premisa de “sólo puede quedar uno”.

El corredor del laberinto
Honramos a los muertos (eso sí, si hay diferentes a nosotros, les expulsamos)

Todas estas similitudes con las novelas y películas nombradas (y muchas más que sí aportaron algo al género de la supervivencia, en este caso distópica, como The Giver, Dentro del laberinto e incluso la archiconocida Los Juegos del Hambre) llevan a El corredor del laberinto a engrosar la larga lista de “voy a sobrevivir en esta puta isla celda al aire libre” donde las preguntas de “quién soy”, “dónde estoy”, “a qué huelen las nubes” tienen tanta importancia como el hecho de solucionar la situación en la que están, al más puro estilo Lost.

Pero el caso es que en El corredor del laberinto se nota demasiado que es la primera parte de una trilogía. Sólo les faltó decir al final, “no, no os preocupéis, que luego lo explicamos todo”. Hay demasiados tópicos (el que sabes que va a morir, etc..), las dosis correctas de rituales, tensión, curiosidad y, por una vez, nada de sexo. ¡No! tranquilos, que en un mundo lleno de teenagers la llegada de la tía buena, Teresa (Kaya Scodelario), no altera a nadie…ni a nada. Seguro que en la segunda parte nos explican por qué, de repente, la presencia de una mujer es necesaria. ¡Ah, claro! que alguien se tiene que enamorar del prota, ¿verdad? y éste sólo lleva tres días en el laberinto como para que le guste recoger jabón del suelo.

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La película está plagada de planos del catálogo de tíos buenos (de izquierda a derecha: el paliducho, el occidental, la chica, el norcoreano, el negro, el hindú). Ole.

Una de las cosas más interesantes que tiene El corredor del laberinto es la casi ausencia de acción (hala, con esta frase ya he perdido el 90% de los lectores). Pero así es; quitando las escenas a lo Forrest Gump, muchas de ellas protagonizadas por Minho (Ki Hong Lee) no hay mucha acción. La caza de los chicos en los campos me recuerda totalmente a Jurassic Park 2 y la expedición de infortunados ¿recordáis? y el running que se marcan durante buena parte de la película, pese a describir totalmente el título de la misma, le resta comprensibilidad al argumento, en pro de crear una sensación de frenesí. Por no hablar del final….

De cualquier manera, hay varias enseñanzas que sacar de este film y que pueden que os hagan querer ver la segunda parte: El corredor del laberinto: las pruebas. A veces el laberinto no es el problema, es parte de la solución. El inconveniente es que todo es muy obvio, está mascado para que nadie tenga que pensar la moraleja. Tenemos a Chuck (Blake Cooper) y a Newt (Thomas Brodie-Sangster) soltando frasecitas sobre que lo más importantes es que se tienen unos a otros y que todos son un equipo y no dejas que los chavales que ven la película lleguen a esa misma conclusión. Al igual que en El señor de las moscas debes dejar que los que entraron, ya sea en el cine o en el laberinto, como niños, salgan como hombres, dispuestos a no olvidarse del compañero caído, de no amoldarse a unas reglas que consideran injustas y de ser curiosos cuando eso beneficia a toda la colectividad. Si conseguimos terminar de ver El corredor del laberinto con alguna de estas cosas en la cabeza, podré decir que ver esta película no es una pérdida de tiempo.

5.5 out of 10 stars (5,5 / 10) [amazon_link asins=’B07HQ148VK,8493801313,8493975036,8493920002′ template=’ProductCarousel’ store=’generacionfri-21′ marketplace=’ES’ link_id=’aa2ddcc5-3819-4f4f-a746-dc0b97fcf4cc’]

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. Como novelista ha publicado La Ciudad que Olvidamos (2024) y está centrada en la publicación de nuevos títulos. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II.

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