LA MUJER DEL SAMURÁI: el poder del kiai.

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La verdad es que, en mi humilde opinión, el título de esta novela no debería ser La Mujer del Samurái (2000), sino algo parecido al subtítulo que os expongo, el poder del kiai. Entiendo que las palabras mujer y samurái son atractivas, atrayentes como título, pero no reflejan para nada la esencia de esta novela, secuela directa de El Tatuaje de la Concubina, que ya reseñé hace un tiempo. Quinta novela de la saga de Sano, y segunda desde la aparición de Reiko.

¿Por qué el poder del kiai?

La novela vuelve a traernos a Sano Ichiro, el muy honorable Investigador de Sucesos, Situaciones y Personas del sogún, y a su rebelde e inteligente mujer, Ueda Reiko, aceptados mutuamente por fin como una particular pareja de detectives en la Era Edo. En esta ocasión viajarán a la actual Kioto, en su momento Miyako, para investigar la muerte de Konoe, el Ministro de la Izquierda del emperador Tomohito, la cual sucedió dentro del propio palacio. La causa de esta muerte fue un grito espiritual o kiai; un poderoso chillido capaz de matar en el acto.

Nuevamente entra en escena el chambelán Yanasigawa, rival de Sano, quien con su odio desmedido intentará volver a provocar la caída en desgracia y/o la muerte de nuestro protagonista y de aquellos que le rodean.

Semejanzas y diferencias

Como buena secuela no espiritual, y alejándose de esas obras en las que repite el protagonista y todo lo demás es diferente, además de los personajes principales, en La Mujer del Samurái vuelven a aparecer algunos secundarios importantes como los ayudantes de Sano, Marume y Fukida. El escenario, no obstante, es similar, repartiendo nuestra atención entre la propia ciudad, bulliciosa y popular, en pleno evento del Obón, y la presencia ceremoniosa y lujosa de un palacio, el de la familia imperial.

También el asesinato resulta de un calibre similar al de El Tatuaje de la Concubina, ya que la persona fallecida resulta relevante tanto por su importancia en una jerarquía, como por las implicaciones políticas que su muerte desata. De nuevo, la autora, Laura Joh Rowland, pretende de esta forma que no nos encontremos ante un simple asesinato, sino ante una sucesión de acontecimientos que pueden hacer tambalear los cimientos de la sociedad, enfrentando al bakufu y al emperador, al poder militar con el poder espiritual.

Aciertos

Si unos personajes se fueron, otros llegan. Una de las mejores aportaciones a esta secuela es la presencia del yoriki Hoshina, comandante de policía de Miyako, un personaje de ambiguas intenciones que dará el toque gris a la novela.

Y como nos encantan los personajes grises, uno de mis mayores placeres mientras leía La Mujer del Samurái fue darme cuenta de que el chambelán Yanasigawa pasaba de ser el villano real de la novela a ser un personaje gris. Sus motivaciones y personalidad serán puestas a prueba y nos traerá algunos de los mejores pasajes de la novela.

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El tercer acierto es mantener la concordancia entre ficción e historia. En una época en la que las mujeres tenían muy limitadas sus actividades profesionales, Reiko sólo disfruta de una inusual libertad de movimientos por una conveniente conjunción de elementos: un marido permisivo (ahora sí, en esta secuela, de manera un poco más evidente) y una posición social respetable y desahogada. Sin embargo, ello no significa que pueda hacer lo que desee y el año 1691 (Periodo Genroku, año 4, mes 6) ondea como un recordatorio de una sociedad patriarcal, de la que ya hablamos en el anterior análisis, que no hace excepciones en cuanto a mujeres se refiere.

La autora sortea esta filigrana histórica creando personajes femeninos contundentes e interesantes, de personalidades variadas. Todas se mueven en sus peligrosos círculos creando misterios que Sano y Reiko intentarán penetrar, y aumentando la duda en el lector acerca de si hay un límite de sospechosos en la novela.

Muchos sospechosos, nadie sospechoso.

Un clásico de las novelas de detectives son los interrogatorios a los sospechosos. En esta secuela se producen de manera continua, pero el interés reside en su complejidad, dado que, a diferencia de lo que uno espera de un interrogatorio en la actualidad, en la Era Edo no se podía interrogar a alguien sin más. El emperador Tomohito, su primo, el príncipe Momozono, el Ministro de la Derecha, Ichijo, la consorte del emperador, la dama Asagao, la madre del emperador, Jokyoden… este es el perfil de los sospechosos del asesinato, así que os podéis imaginar la sutilidad que empapa cada diálogo del libro.

Posiblemente, en los diálogos esté en efecto el punto fuerte de la autora, adoleciendo de descripciones más anodinas e insustanciales. La fuerza de los hechos y el carácter de los personajes son los elementos que nos sumergen en la historia, pero no las descripciones. Esto no quiere decir que la novela se haga pesada o lenta. Confío que, al igual que yo, devoréis La Mujer del Samurái con las mismas ganas, puesto que su calidad es similar a la primera novela. Simplemente anoto que, en algunas ocasiones, para no entorpecer la lectura, habría que prescindir de descripciones, para dejar paso sólo a describir las emociones más prácticas.

El secreto del kiaijutsu

Lo que sí que se echa de menos es una descripción más profunda del kiai. Entiendo la necesidad de crear misterio alrededor de un concepto. Una técnica milenaria basada en un grito. Algo tan ancestral que nadie puede recordar al no haberlo vivido. Pero el lector es curioso y a lo largo de la novela hay suficientes páginas (377, en concreto) para permitir encontrar espacio con el que describir el grito espiritual en profundidad. Por el contrario, la autora opta por dejar mensajes sobre vibraciones, energía, fuerza de voluntad, espíritus, sobrenaturalismo… hasta hacernos creer que más que una novela policíaca estamos ante una de fantasía.

Lejos de querer ofender a los bushi y su complicado entrenamiento, no creo que ni siquiera una novela ambientada en una época de gran y extendida espiritualidad deba permitirse acudir a algo que algunos podrían considerar un deux ex machina o, si somos más condescendientes, un MacGuffin.

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Por otro lado, siendo justos, es cierto que, en el segundo capítulo de la novela, mencionan un caso clásico de la literatura japonesa, el maestro Yagyu Matajuro, capaz de matar con su grito, a modo de ejemplo histórico. Nada impedía a la autora aclarar más este aspecto referenciando a personajes ficticios (Kenshin Himura) o reales (Kunishige, Miyamoto Musashi) para que los profanos entendiésemos y pusiésemos en su lugar un concepto tan complicado como el kiai.

En definitiva, La Mujer del Samurái es una digna secuela de su antecesora. Buena narrativa, estupenda historia, grandes personajes con mucho que aportar al universo creado por Laura Joh Rowland y un final que, sin duda, nos dejará con ganas de mucho más. Pero eso serán dudas a despejar en la tercera parte de la saga, El Loto Negro.

La Mujer del Samurái

7.5

NOTA

7.5/10

Destaca en:

  • Mantiene, con su historia y escritura, la frescura de la primera novela.
  • Los nuevos personajes.

Podría mejorar:

  • No me convence el kiai como modo de asesinato.
  • No todos estarán seguros de poder leerla como novela independiente, se pierden detalles.

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