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BEN-HUR: no es otra película de romanos

Ben-Hur-PORTADA

Volvemos a los tiempos en los que el león te rugía en pantalla, ya por entonces con voz cascada, y al igual que en Lo que el viento se llevó disfrutábamos de una “Overture” que nos va metiendo en escena sólo con la elocuencia de su ritmo.

Nuestra mente traviesa sonríe con esa portada en letras grandes en las que deberíamos leer Ben-Hur, pero que a los frikis nos ofrece un La vida de Brian fruto del chascarrillo de los Monty Python (ver galería de fotos abajo). No en balde tanto Ben-Hur como La vida de Brian discurren de forma paralela a la vida de Jesucristo, mostrándonos guiños más allá de una soberbia ambientación de Jerusalén, un José empadronándose, un Nacimiento y Adoración sutil…

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Judá, con sus sirvientes y familia.
Ambientación cuidada hasta el detalle

Y es que Ben-Hur es uno de esos clásicos difíciles de rechazar. Es la historia de una venganza (y en ello quiero centrarme), al mismo nivel que La venganza del Conde de Montecristo o La venganza de Don Mendo donde, al igual que en estas, pocas cosas suceden como uno lo planea y conceptos como piedad, amor y perdón cobran un significado más fuerte del que por regla general el humano medio tiene que hacer gala.

Para aquellos que sepan de Ben-Hur poco más que el nombre, que sepáis que en esta reseña vamos a analizar la película de 1959 de William Wyler, protagonizada por Charlton Heston. En otro momento hablaremos de la serie de televisión de 2010 y quizás, el año que viene, hablemos de la adaptación que van a hacer, de la que poco sabemos todavía; sólo que participará Morgan Freeman, pero es que ese está en todas las pelis que se hacen, así que no nos debería extrañar.

Y volviendo con Ben-Hur, cuenta la historia de Judá Ben-Hur, un próspero noble judío que, al negarse a ayudar a su amigo Mesala (Stephen Boyd) un tribuno romano, en su lucha contra los rebeldes judíos, es acusado injustamente y condenado a galeras. En su búsqueda de venganza tropieza con personajes como Jesucristo, la sirvienta Esther (Haya Harareet), el Rey Mago Baltasar (Finlay Currie), el comandante Quinto Arrio (Jack Hawkins), el jeque árabe Ilderim (Hugh Griffith) o Poncio Pilatos (un Frank Thring que no necesita presentación). Todos ellos le harán inclinar una y otra vez la balanza en ambos sentidos, destacando con sus argumentos una de las más famosas frases de la película: “¿Quién tiene el poder para castigar? Muchos caminos conducen a Dios, no los cierres con el odio y la venganza”.

Y es que la mayor parte de los personajes abogan, independientemente de la religión a la que pertenezcan, por el perdón y no por la venganza. Es cierto que la presencia de Jesucristo (a quién nunca se le ve la cara)  en diversos momentos de la película sobrecoge a Judá, pero sus vidas se entrelazan sin que por ello Judá haya renunciado a su venganza: “Si renunciamos a la venganza, los hijos de nuestros hijos sufrirán como nosotros”. Una frase que a día de hoy reconocemos como de las más infortunadas y cuyo significado ha sido llevado al pie de la letra por las personas más extremistas.

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El gran Circo de Jerusalén, recreado en su totalidad.
El decorado más grande jamás creado hasta la fecha.

Pero Ben-Hur, a pesar de ser una película con un gran componente religioso, no toma la religión como lo más importante, pese a ser el marco en el que se encauza. Es un drama, una peli de aventuras, una hazaña épica en la que Jerusalén y Roma son los focos para nuestra historia de venganza; no en balde al género se le llama “Colosal”. Por ello, se trata de una película multicultural llena de personas de diversas religiones que conviven, hacen negocios y hacen amistad. Y la maestría de Ben-Hur es haberlo sabido mostrar, con sus pullas y todo, con absoluto respeto, y sin que nos separemos del verdadero propósito de la película; esa dicotomía entre ambición y piedad, entre cinismo e idealismo, entre amor y venganza, representado ante todo en los dos protagonistas, Judá y Mesala.

Judá sufre aquello que pregonaba Lope de Vega en El castigo sin venganza, puesto que realmente no cree que Mesala sea malo, es el sistema el que le ha destruido. Roma, como ente político, más loba que madre, fue la que destruyó a su familia y puso a Mesala en su contra. Su venganza está empañada por los sentimientos más básicos de amor fraternal y compasión.

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La lucha de Judá es consigo mismo.

Así pues, no voy a hablaros otra vez de que Ben-Hur fue la película más taquillera de la Historia en su momento; ni de que ganara 11 Oscars, hazaña sólo imitada muchos años después por Titanic (1997) o por El Señor de los Anillos: El retorno del Rey (2003). Todos conocemos lo que costó realizar la película, todos nos hemos saciado con la carrera de cuadrigas, nos hemos reído con el jeque árabe mimando a sus caballos y nos hemos sentido confusos al notar en su voz a Groucho Max, y hemos aprendido que los árabes eructan para demostrar que la comida les ha gustado.

Lo que no todos conocemos es que Judá es todos nosotros. A veces somos sencillos, y a veces complejos, pero tenemos dentro de nosotros los sentimientos más básicos de amor o de venganza, y los más exultantes, de perdón, honor (recordemos que no busca sino vencer a Mesala en igualdad de condiciones), libertad, esperanza, respeto a la familia…Judá Ben-Hur es un hombre corriente, igual que nosotros, aprendiendo de la pedagogía sencilla que le rodea cómo enfrentarse a sus problemas. Lo que le convierte en héroe y no en villano es su forma de sobrellevar las vicisitudes.

Volver a ver Ben-Hur queridos amigos, pero verla con otros ojos. Una historia de venganza siempre será a su vez una historia de misericordia y son estos sentimientos, los más fuertes que existen, los que nos traen una película de sentimientos y sensaciones de esos que a día de hoy nos cuesta que nos transmitan. Dejar que os empapen y después, pasarla a vuestros conocidos. Llevamos más de 50 años haciéndolo y ello es lo que convierte a obras como esta en atemporales.

9.5 Stars (9,5 / 10)

 

Un trailer que casi es un resumen, jaja, pero os dará ganas de ver la peli de nuevo

 

Galería de fotos

 

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About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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3 Comentarios

  1. BEN-HUR: no es otra película de romanos… A ver, tras el aspecto de una película de romanos (género peplum), queda claro que se describe un pasaje bíblico, al margen del enfrentamiento que termina produciéndose entre los dos protagonistas. No es como en el caso de ESPARTACO, donde ahí sí es posible afirmar que se trata de una película un trascendente episodio de la historia de Roma,… Ésa, ésa sí puede manifestarse como una película de romanos,… es más, podría catalogarse como ‘la película de romanos’.

    • Tienes razón. Muchas veces la gente cataloga como “peli de romanos” cualquiera ambientada en la época, y no me parece mal, puesto que….está ambientada en la época romana, pero cuando queremos decir que NO es otra peli de romanos nos referimos a su trascendencia, importancia, y todo lo demás, para el mundo del cine y para nuestra Historia. Como tú dices, Espartaco es una de ellas, otra es Ben-Hur, y Quo Vadis podría ser otra…en fin, me has dado material para otro artículo, ¡gracias!

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