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DAYBREAK: El apocalipsis según la generación Z

Generalmente las series para adolescentes no son santo de mi devoción, cosas como Élite, por muy bien que estén, no suelen gustarme demasiado. Quizá porque en su tiempo ya salí empachado de aquella Compañeros que emitía en su día Antena3 (la que vino antes de Al salir de clase), o quizá porque soy muy propenso a la filosofía Murtaugh y tiendo a pensar que “ya estoy demasiado viejo para esta mierda”. La cosa es que vi el tráiler de Daybreak (2019) y, ya sea porque me quede con ganas de más después de la estupenda Zombieland 2, o porque la nueva serie de Netflix prometía un estilo narrativo diferente, decidí darle una oportunidad.

El apocalipsis de la pubertad

Basada en el cómic de Brian Ralph, Daybreak nos sitúa en un apocalipsis en el que los adultos se han convertido en una especie de zombies (y digo “especie” porque hay claras diferencias) y sólamente los adolescentes han sobrevivido a una implacable guerra química que ha hecho estragos con la sociedad. El protagonista Josh (Colin Ford) busca desesperadamente a su amiga Mel (Sophie Simnett) entre los adolescentes supervivientes que se han asociado en tribus urbanas de lo más variopintas.

Daybreak se podría resumir como una serie de tantas sobre adolescentes supervivientes si no fuese por la frescura de su narrativa, que cambia frecuentemente de narrador, rompe la cuarta pared y experimenta con diferentes enfoques para que cada capítulo se sienta diferente. Daybreak se esfuerza por no caer en el dramatismo más descafeinado y pasteloso de este tipo de series, e incluso consigue emocionarnos con su discurso las contadas veces que lo pretende. Sin embargo, la serie intenta mantenerse la mayoría del tiempo dentro de las barreras de la comedia, recordándonos a menudo a la mencionada Zombieland, de la que hace suyas no pocas ideas.

Los “tips” de supervivencia, el gore cómico, y las escenas absurdas que tanto disfrutamos en las dos películas protagonizadas por Jesse Eisenberg aparecen frecuentemente en Daybreak, pero lo hacen mezcladas con otras ideas de cuño propio que empapan a toda la obra de una personalidad magnética y especial, que, aunque nunca deja de mantener el tono desenfadado y ligeramente pueril, guarda muchos guiños interesantes para los espectadores más adultos.

Desde luego Daybreak es una serie cuyo único propósito es entretener con un acercamiento original al apocalipsis, unos personajes divertidos, algunos gags graciosos y una forma de narrar la historia que se sale de lo habitual, y desde luego lo consigue. Los 10 capítulos de su primera y única (hasta el momento) temporada entran con mucha facilidad y eso es porque al final Daybreak acierta más que se equivoca, y se equivoca, pues algunos giros de guion están demasiado cogidos por los pelos, el ritmo entre capítulos es desigual y hay veces que los personajes actúan de formas inverosímiles, aunque bueno, son adolescentes, así que…

También llama la atención lo “laxo” de este apocalipsis en el que nadie pasa hambre, las casas están limpias, hay electricidad (pero no teléfono móvil ¿?), no hay armas de fuego y tampoco radiación; Todo un parque de atracciones para adolescentes que a veces molesta por irreal y absurdo, desbaratando gran parte de la coherencia, no sólo de la historia en sí, sino del universo en el que se desarrolla.

A nivel visual Daybreak no es especialmente impresionante, pero las cuatro cosas que hace, las hace bien. El uso de la paleta de colores es muy acertada y las veces que vemos CGI este tiene una calidad suficiente.

Finalmente, Daybreak funciona realmente bien a modo de pasatiempo, no es una serie que vaya a pasar a los anales de la Historia, pero tiene todos los elementos necesarios para hacer que pasemos unas horas entretenidos, a ratos recordándonos a Malcolm in the middle y otros a Zombieland. Referentes de gran altura de quien Daybreak bebe lo suficiente como para ganarse un huequecito en la agenda de todo aquel que disfrute del género o que, simplemente quiera una serie divertida para olvidarse un rato del mundo.

Daybreak

6.8

NOTA

6.8/10

Destaca en:

  • Cada capítulo se siente diferente
  • Muchas ideas que mantienen fresca la serie
  • No se hace larga ni pesada, tiene la duración justa

Podría mejorar:

  • El universo es bastante inconsistente
  • En ocasiones es excesivamente desenfadada

About Adrian

Adrian Arribas es fundador de Generación Friki. Su perfil de desarrollador Front-End le ha permitido crear el diseño de Generación Friki e ir adaptándolo a las nuevas tecnologías con el paso del tiempo (ya vamos por la 4ª versión). También se encarga de redactar artículos para todas las secciones, aunque se centra especialmente en videojuegos, cine y eventos. Fuera de Generación Friki Adrian es desarrollador Front-End, programador Java, Android e IOS.

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