LA GUERRA DE LA AMAPOLA: cómo hacer que el chamanismo sea aburrido.

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A veces me leo algún libro y difiero tanto de las críticas que los expertos han realizado sobre el mismo que me pregunto si estaremos leyendo libros diferentes. Es el caso de La guerra de la amapola (R.F. Kuang, Editorial Hidra, 2023-24), nombre de la trilogía compuesta por La Guerra de la Amapola, La República del Dragón y El Dios en Llamas; una fantasía juvenil o algo similar ambientada en la historia de China del s. XX. Sigue el camino de Rin, una huérfana explotada en su infancia que huye de la familia de acogida y de un destino anodino para ingresar en una academia militar en la prestigiosa ciudad capital de Sinegard, donde descubre que tiene poderes chamánicos. La llegada de la guerra entre el Imperio Nikara y la Federación de Mugen hará de estos poderes y de su portadora unas temidas armas tanto para aliados como para enemigos.

Huérfano con poderes, ¿eh? No se comió mucho el tarro la autora. Pero no importa, está todo inventado, así que lo trascendente no es lo que escribes, sino cómo lo escribes. Detalle que no debió de importarle mucho a la escritora a la hora de ofrecernos una de las sagas más soporíferas que he leído en los últimos tiempos. Por ponerlo en término de longitud, podría haber prescindido del segundo y haber condensado el tercero en un fascículo de un suplemento dominical y hubiera continuado siendo un sinsentido de novela.

El caso es que la premisa sobre una magia basada en el chamanismo me parecía muy interesante, quizás porque, como persona criada en occidente, tanto con su religión y mitología, como con sus novelas de fantasía más clásicas, mi conocimiento era casi nulo. En España poseemos cierto conocimiento pagano sacado del norte de la península (meigas, sorginaks, xanas, etcétera) y luego las supersticiones heredadas del medievo. Chamanes, opio, guerra y cultura china parecía una buena combinación.

Lo que pasa es que durante el primer libro prácticamente no te enteras de qué pasa con su religión. En su intento de hacer la novela misteriosa hay muy pocas explicaciones entendibles acerca de todo lo que rodea el chamanismo y el lector se queda con la duda de cuál es la importancia real de estos poderes. Esto hace que, cuando La República del Dragón y El Dios en Llamas entran en escena, tengas que lidiar con el argumento de la novela de turno mientras sigues intentando entender las premisas del chamanismo.

Después del nada sorprendente dato de que la huérfana Rin acaba en una academia donde le hacen bullying por todos lados llega por fin la deseada parte de la guerra. Esta prometía un despliegue de chamanismo donde el wordbuilding de fantasía del que tanto me hablaban (que resultó inexistente al final, cosas que pasan cuando tu novela transcurre en la China del s.XX y la historia va de ejércitos viajando de un pueblo a otro) brillaría con toda la fuerza de una historia de guerra y magia. Mi sorpresa fue mayúscula cuando, entre bostezo y bostezo, la saga se convierte en un road trip donde la mitad de las misiones sobran, las peleas entre chamanes son inexistentes, la resolución de las acciones ocurre fuera de escena y las motivaciones de los personajes carecen de sentido.

Los personajes, ¡Ah, el problema de los personajes!

Precisamente, uno de los grandes problemas de la saga de La Guerra de la Amapola es la creación de sus personajes. Creo que los odié a todos sin excepción. Planos, carentes de evolución e interés. Ninguno me pareció carismático, oscuro, o tenía una historia personal que hiciera justificar sus acciones o destacaba por fantásticas interacciones con otros personajes. El ejemplo más claro lo tenemos en el mejor amigo de Rin, Chen Kitay, quien es retratado como una de las personas más inteligentes que existen en la Tierra en ese momento, pero nunca hace nada que justifique tan envidiado cerebro. Sabemos que es inteligente porque Rin no para de repetirlo, pero en realidad sus acciones no hablan por él.

Así pues, mientras unos personajes parecen caricaturas sacadas de tebeos infantiles, otros ocupan páginas y más páginas de la trilogía con verborrea de nulo interés para el lector. Y el peor de ellos es la protagonista, Rin.

Por un lado, una antiheroína sonaba bien. Alguien con quien debemos identificarnos, hacer nuestra su lucha, pero con quien nunca estaremos de acuerdo, es todo un reto. Yo no recuerdo haber leído sobre ningún protagonista cuya evolución sea, de hecho, una involución. Autodestructiva, infantil, nada carismática, con unas habilidades que se nombran pero que nunca pone en práctica… siento que me estoy perdiendo algo al intentar leer la mente de R.F. Kuang y sus intenciones para con su personaje. Un personaje que es casi irrelevante para que la acción avance, como un gran MacGuffin. Intuyo que quería hacer un personaje roto, pero también lo era Shinji, protagonista de Evangelion, y encontrabas (detrás de la bofetada que querías darle) comprensión hacia sus actuaciones.

Y esto me lleva al siguiente problema de la larga lista que componen mis quejas acerca de la trilogía de La Guerra de la Amapola: creo que ni siquiera la autora sabe qué libro está escribiendo.

¿Cuál era el objetivo de Kuang con su saga?

Me di cuenta de este hecho cuando vi que Kuang estaba empleando muchas y valiosas páginas en que entiendas que Nikan, su precioso imperio de no-fantasía, es en realidad China y la Federación de Mugen es, lógicamente, el Imperio de Japón. No voy a convertir mi análisis de esta saga en una descripción de por qué la autora pretende por un lado emular la Historia de China (leyendas y cotilleos incluidos), mientras por otro lado ignora los datos más obvios que podrían acercar su ficción a la cultura asiática en general y al conocimiento de China en particular. Repito que no soy ninguna experta en la Historia de China, pero no consigo encontrar en la novela ni la influencia que las potencias occidentales deberían haber dejado en el país, ni restos del movimiento comunista, ni reflejos de la influencia de figuras como Mao o Confuncio, ni un largo etcétera.

Y lo malo es que la clase de Historia que Kuang te mete en vena durante los tres libros no es relevante para la acción, de la misma forma que meter a Rin, con sus poderes chamánicos del fénix que nadie puede derrotar, era romper la trama desde el principio. Hay cosas tan evidentes que han sido metidas con calzador que repito que ni la propia autora podría definir su libro.

Grimdark tiene que ser algo más que una etiqueta de moda, señores.

El tema que más me desagrada es la desvirtualización del término body horror. La autora usa como reclamo para hablar de la crueldad de la guerra largas e innecesarias descripciones de mutilaciones, casquería y sadismo. No se trata de catalogar a La Guerra de la Amapola como Dead Dove: Do No Eat o como grimdark y dejar que el lector con ello sepa que va a consumir horror explícito de forma cruda, sino que al ser incapaz de describir con precisión la crueldad de la escena de turno, opta por un lenguaje pueril cargado de referencias gores, como si señalara con el dedo diciendo al lector, ¿ves? Mis personajes son lo más unhinged que puede dar la literatura actual. Como si se creyera LA heredera del movimiento splatterpunk. Y lo peor, peor, peor de todo es que todas estas descripciones sobre empalamientos, violaciones y amputaciones no sirven para nada. No son usadas para reflexionar sobre los horrores de la guerra, no crean vínculos entre los Cyke, no generan empatía con las violaciones de Venka, no cuentan más sobre Nezha o Kitay, ni nos permiten conocer más sobre la conexión chamánica entre Rin y su maestro Jiang. Son simples escenas edgy creadas con poco arte.

El género grimdark da para mucho:

¿Quieres leer una narrativa violenta y compleja? La saga Canción de Hielo y Fuego

¿Quieres internarte en entornos oscuros? Ahí tienes la trilogía de El Ángel de la Noche

¿Te gustan los mundos de fantasía opresivos? Lee Nacidos de la Bruma

Y si la repetición constante de escenas es cansina en cualquier género literario (hasta en el erótico, vaya) más lo es si resulta que la prosa de la autora es mediocre. Y si unes esto a una narrativa confusa, poco trabajada e infantil… ¿por qué narices La Guerra de la Amapola ha sido finalista de los premios Hugo, Nébula y World Fantasy? ¿Quién es el padrino de esta señora?

P.D: el cacareado opio y todas las constantes menciones a las guerras pasadas y venideras producidas por la amapola solo son usadas para drogar a los protagonistas de vez en cuando. Ole.

RESÚMENES Y PUNTUACIONES

Puntuación Total: - 3.5

3.5

LO MEJOR

+La idea del chamanismo como arma de guerra era interesante.

LO PEOR

-Prosa mediocre, repetitiva y pueril.
-Personajes planos y poco interesantes.
-Tramas insustanciales.
-Excesiva longitud de la trilogía, podría haberse condensado en un libro.
-Objetivo de la historia poco definido.

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About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y la escritura, ha desarrollado su carrera en torno al mundo de la comunicación. Como novelista ha publicado La Ciudad que Olvidamos (2024), El Vendedor de Planetas (2024) y Camino a Ítaca (2025) y está centrada en la publicación de nuevos títulos. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II.

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