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TICK, TICK…BOOM!: ¿para qué quieres una lavadora si no tienes ropa que lavar?

Es últimamente un tema recurrente, los jóvenes que no encuentran su lugar, que les vendieron el sueño americano demasiado y demasiado a menudo. Sí, puedes pensar que es algo que pasó en todas las épocas, pero puedo asegurarte que no es así; para bien y/o para mal, antes nacías y crecías sabiendo exactamente de qué ibas a trabajar el resto de tu vida. Puede que variara debido a circunstancias no habituales (no sé, llegan los vikingos y te raptan, llega tu padre y se arruina, llega una batalla y matan al primogénito y tú apechugas con su cargo y de paso con su viuda…) en fin, cosillas de la vida. Pero las impresiones que tenemos nosotros, ahora, mortales que nacimos en el s.XX y sobreviven como pueden en el s.XXI es que lo que nos enseñaron nuestros padres no sirve para nosotros a tantos niveles que nos da vértigo. Ese vértigo que siente el protagonista de Tick, Tick…BOOM! (2021) y que deja clarísimo con la primera canción que interpreta. Y es que es fácil para los jóvenes (o medio jóvenes) empatizar a día de hoy con un personaje que siente que su reloj avanza y él se queda atrás.

Esta es la historia de Jonathan Larson, aspirante a compositor de obras teatrales que vive en el Nueva York de los años ´90. Concebida primero como un musical semiautobiográfico (escrito, obviamente, por el mismo Jonathan Larson, al que yo conocí siendo muy niña con el polémico musical Rent), ha sido adaptada a película de drama musical dirigida por Lin-Manuel Miranda en su debut como director, con guion de Steven Levenson y protagonizada por Andrew Garfield, que ya ha sido nominado a varios premios por su actuación.

Lo gracioso de Jonathan Larson es que él SÍ que tiene un trabajo. Puede que piense que es un mal trabajo (porque curra de camarero, razón no le falta, una servidora se ganó el pan durante años de la misma manera), pero tiene una estupenda pareja, vive con su mejor amigo, tiene gente que le apoya con sus sueños y con su trabajo se paga el pan. Os aseguro que tan mal no le va.

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Pero como artista (permitidme la licencia) os aseguro que nos pasamos la vida intentando que alguien (relevante, mamá no cuenta) se lea nuestras novelas, escuche nuestras canciones, nos vea interpretar, valore nuestros dibujos o aprecie aquello que nosotros llamamos arte en pos de querer invertir en ello. Jonathan es un valioso compositor teatral y, al igual que muchos de nosotros, quiere poder sentir que deja algo detrás de él. Porque son industrias terribles que parece que no aprecian a los desconocidos, a los nóveles… o a los que ya pasan de los 30.

Hay una ola de optimismo, quizás alegría, cuando los artistas se reúnen. Es una magia que sólo se crea cuando compañeros de fatigas crean arte. Jam sessions improvisadas, conciertos espontáneos con objetos cotidianos, recitales de poesía en parques, letras de canciones que van surgiendo mientras las copas rulan… Si sois de esos que habéis interrumpido una conversación porque “la inspiración os llamaba”, sabréis de lo que os hablo. Esas reuniones ayudan a gestionar la frustración de una manera inimaginable y en Tick, Tick…BOOM! se reflejan claramente esos momentos a través de las escenas más animadas de la película.

Ello no quiere decir que todo sea bohemia y diversión. Algunos personajes, como la novia de Jonathan (Alexandra Shipp) o su compañero de piso (Robin de Jesús), presentan la cara más realista, mientras que el protagonista es tan idealista que rechaza una y otra vez trabajos interesantes que pagan el alquiler. ¡Oh, sí! La palabra “vendido” es algo que siempre ha estado en la mente de los artistas antiguamente cuando se nos presentaba una oportunidad que considerábamos “del enemigo”. Quizás por eso la película se ha mantenido con su ambientación en los ´90 y no actualmente, cuando trabajas de-lo-que-sea mientras tu pasión se convierte en tu hobby de los ratos libres a la espera de que pueda convertirse en tu trabajo.

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Hemos perdido la ilusión y os aseguro que Tick, tick…BOOM! no os la va a devolver. Ni sus canciones, ni el baile contemporáneo, ni nada pueden evitar que me remita a I want to live in América, aquella canción de West Side Story cantada por Rita Moreno en la que la cruda realidad se imponía a la fantasía. Sí, recuerdo bien aquella respuesta: “¿para qué quieres una lavadora si no tienes ropa que lavar?” El sueño americano, señores, otra vez el sueño americano.

¿Nos quedamos sin tiempo?

Pero hay una verdad única y es que cuando ponemos el corazón en nuestras obras estas se vuelven más reales, más únicas, más auténticas, viscerales. Sé que suena poco objetivo, pero nuestras experiencias son las que hacen que nuestras obras pasen de normales a brillantes. Es la empatía que generamos en el espectador (y que esta película intenta generarte con medios excesivamente básicos). Quizás este es el motivo por el que la cruda realidad, en Tick, tick… BOOM! es reflejada a través de la muerte de los seres queridos por el sida que segó tantas vidas humanas en aquellas décadas. También en la ruptura de las relaciones que no se cuidan. Y por supuesto en los dilemas éticos de los que ya hablé en el anterior párrafo. Vendido. Capitalista. Avaricioso. El eterno problema de los artistas que a menudo no se percatan de que hay responsabilidades y se necesita comer. O simplemente se quiere disfrutar de la vida.

Y entonces, cuando crees que la película sólo es la historia de un chico que creía que se quedaba sin tiempo el giro de guion te demuestra que la vida va de más cosas que perseguir el sueño americano, cambiando el significado de todo. Y te planteas la gran pregunta: ¿Qué es quedarse exactamente sin tiempo?

Tick, tick…BOOM! Es la historia de todos nosotros, millenials o llamarlo cómo queráis, de aquellos que no conseguimos nada. Tremendamente parecida en su argumento, en su toque desesperado, con Cortar por la línea de puntos, la miniserie que analicé hace unas semanas, y sin el mensaje esperanzador de tantas películas estilo La La Land. Una película que no sé si es necesaria a día de hoy para todos los que ya pasaron los 30 (quizás porque resulta a menudo abrumadora), pero que no estaría mal que conocieran aquellos que ahora comienzan a perseguir sus sueños. Porque la vida es muy jodida. Y el universo, al contrario que nosotros, sí que tiene tiempo de sobra.

Tick, Tick…BOOM!

7.2

NOTA GLOBAL

7.2/10

Destaca en:

  • La narración del argumento a través de las canciones
  • Su mensaje, ambiguo, puesto ahí para el que lo quiera leer.
  • Es un biopic, pero muy camuflado y eso se agradece.
  • El montaje es muy original…

Podría mejorar:

  • ...pero no gustará a todo el mundo por resultar a veces confuso.
  • Falta variedad en los estilos musicales de las canciones.

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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