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VAGABOND: o las razones para leer (o no) una obra inacabada.

Nada hay más frustrante que ir siguiendo a un héroe durante su road trip particular y descubrir que la historia no llegó a completarse. Es bastante habitual en Japón que un manga comience y, si sus cotas de audiencia no son buenas (u otras razones) se interrumpa abruptamente. En otros casos (pensemos en Dragon Ball) la historia se cerró deprisa y corriendo ofreciendo finales insatisfactorios. Si lo pensamos, hay mil y una razones por las que una obra cualquiera no pueda ser terminada, pero el caso de Vagabond es más irritante porque está basado en la historia real de Musashi Miyamoto, el guerrero más famoso de Japón, que narró Eiji Yoshikawa en su novela Musashi, lo cual es equivalente a decir que el guion ya estaba escrito y sólo había que continuarlo. Ahora podría decir una frase como “no quiero yo ofender a Takehiko Inoue, pero ¿tan complicado era buscar otro autor que terminara el manga?” en algo que yo llamo respeto al lector que lleva la friolera de 38 tomos (recopilatorios) comprados y he perdido la cuenta de los años esperando el final de la historia de este ronin.

Sin duda, un primer párrafo denso y con trasfondo de pataleta, pero que encierra una gran verdad; la problemática de los mangas y su estilo de publicación. Vagabond es sólo uno de los muchos ejemplos en los que nos encontraremos dudando si empezar una colección que no sabemos si terminará. Cuando uno compra un libro, una película o un videojuego tienes el producto completo en tus manos. Sí, vale, el libro puede tener secuelas, la película volverse a lanzar en formato extendido y el videojuego…en fin, no me hagáis hablar de juegos que se lanzaron inacabados. Pero ahí está el producto final, empaquetado para llevar. Ni siquiera las series nos someten a semejante incógnita.

Vagabond es la historia de un ronin que, de adolescente, abandona su pueblo natal para hacerse famoso en el camino de la espada. Sin maestro, sin dojo, sin más conocimiento que un profundo autoaprendizaje, recorre el país en busca del título de El Más Fuerte Bajo el Cielo (o así nos lo tradujeron). Un título goloso que provoca que cualquiera quiera eliminarle para arrebatarle el título en una suerte de atajo, dado que nadie de aquellos a los que se enfrenta ha llegado al nivel de competir con él. Así, mientras la primera parte de la historia va de cómo se va enfrentando a diferentes enemigos en lo que sería un shonen de manual, la segunda parte de la historia tiene ya ese tono indiscutible de seinen con el que la catalogamos.

Para todos aquellos que ya amábamos La Espada del Inmortal, que se empezó a publicar unos cinco años antes, las historias de samuráis de la Era Edo nos tenían fascinados y el estilo realista, crudo, casi salvaje del dibujo, que ambas compartían, nos atraía con fuerza. Posiblemente, Vagabond tenía además un sentido filosófico más fuerte en su intencionalidad dado que se trataba de un camino que Mushashi, protagonista indiscutible de la obra (pese a un par de secundarios de gran peso) tenía que recorrer para llegar a ser la mejor versión de sí mismo. La obra constantemente nos somete a viñetas vacías de diálogo, paisajes y escenas contemplativas, ausencia de elementos que nos distraigan del verdadero objetivo que es la reflexión sobre el sentido de la vida, mientras nos deleita con un dibujo acorde con la situación: profundo, artístico, ilustrativo.

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Muchas escenas contemplativas y hermosas.

No es que sea nuevo que un autor intente con su dibujo transmitir directamente los sentimientos de sus personajes. En realidad, sería lo deseable, pero muchas veces el dibujo sólo es un elemento más para contar la historia, que puede apoyarse por el contrario en el guion, que acabe teniendo más fuerza. En Vagabond, sin embargo, el dibujo es el vehículo para contar la historia, por lo que existe un gran nivel de detalle en cada viñeta, siendo las escenas de lucha tan importantes como los momentos contemplativos.

Y es posible que todo esto sea tanto la grandeza de este manga como su condena. La poesía que encierra el dibujo no será del agrado de todos los lectores; quizás no tanto porque la historia nos resulte ajena (todos podemos entender una biografía de un personaje histórico, da igual que sea japonés), como por la lentitud con la que se desarrolla la historia. Y aquí sí que es posible que sea bueno que entendamos el contexto en el que se desarrolla la historia, con toda la carga del mundo asiático a sus espaldas y la forma de entender todo lo que les rodea: de forma paciente, tranquila, aprendiendo cada cosa a su ritmo.

Por ello, no puedo por menos que afirmar que, aunque admito que su influencia fue enorme, sus premios bien merecidos y no me arrepiento de habérmela leído, los últimos 8-10 tomos se me hicieron insufriblemente largos. No tiene que ver con que no soportara el ritmo pausado de esos tomos de Vagabond, sino con que cuando ya parecía que se acercaba la recta final cambiaron el tono y la temática y llegaron nuevas sagas que no pegaban con el resto del libro.

Dado que el manga lleva parado desde 2015 ignoro si el objetivo del autor (que parece que ahora se dedica únicamente a Real, su manga sobre baloncesto en silla de ruedas) era mostrar con esta última saga el nuevo camino que tomaría la historia, es decir, entraría en la fase más espiritual de Musashi, centrándose en su aprendizaje de todas las artes posibles que requirieran de una técnica, en su búsqueda del Camino del Guerrero; el cual, según la Historia nos cuenta, se encontraba no necesariamente en la espada, sino en cualquier arte o habilidad que pudiera aprender y que no precisara para ello de un maestro. Esta fase de su vida, si bien más complicada de mostrar en el manga (por su carácter contemplativo) habría sido sin duda muy interesante de leer. Creo que, para poder disfrutar plenamente de Vagabond, los lectores nos merecemos un final. Yo abogo por uno en el que, al igual que en su vida (leeros su biografía, es muy interesante) Musashi Miyamoto, a través de la genialidad del mangaka Takehiko Inoue, nos instruyera en todo lo que aprendió como ermitaño, incluyendo su pacífica muerte. Quizás por ello creo que es bueno que termine este análisis incluyendo el resumen de 9 preceptos con el que podemos resumir las enseñanzas de Musashi. A mí me ayudaron a no cabrearme porque este manga no estuviera terminado. Ya sabéis, lo importante no es la meta, es el camino.

  1. Evita todos los pensamientos perversos.

  2. Forjaos en el Camino practicándolo uno mismo.

  3. Abrazar todas las artes y no limitarse a una sola.

  4. Conocer el Camino de cada profesión, y no limitarse al que uno ejerce.

  5. Saber distinguir las ventajas y desventajas de cada cosa.

  6. En todas las cosas, acostumbrarse al juicio intuitivo.

  7. Saber instintivamente lo que uno no ve.

  8. Presta atención a cada detalle.

  9. No hagas nada inútil.

Vagabond

7.5

NOTA GLOBAL

7.5/10

Destaca en:

  • Factura técnica intachable.
  • Es una muy buena historia de samuráis.
  • Aunque hay muchas formas de conocer a Musashi (cine, literatura, videojuegos…) este manga plasma muy bien la esencia.

Podría mejorar:

  • Hay partes insufriblemente largas.
  • El manga no está terminado.

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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