ESTE MUNDO NO ME HARÁ MALA PERSONA: la soledad no elegida.

Ya sabemos cómo se las gasta Zerocalcare a la hora de darnos caña con respecto a nuestra vida y qué esperar de ella. El costumbrismo cobra nuevo sentido bajo su pluma y así nos lo demostró con su anterior miniserie, Cortar por la línea de puntos, una maravilla ante la que nos quitamos el sombrero y que parece la precuela de Este mundo no me hará mala persona (Questo mondo non mi renderà cattivo, 2023), miniserie de Netflix que hoy analizamos.

Este mundo no me hará mala persona tiene también pintón, con su sencillo argumento desarrollado en sólo 6 episodios: un viejo amigo vuelve al barrio y se da cuenta de que nada es como lo recordaba. Zero se debate entre la vieja lealtad que siente por Cesare y lo perdido que se siente al no saber cómo ayudarle.

Y no es para menos. ¿Recordáis esos clichés sobre gente que hace mucho que no vemos y que de repente aparece en nuestras vidas? Quizás sólo os cruzáis en el metro. Quizás descubrís que lleváis a los críos al mismo colegio. Puede que abras la puerta de casa y te encuentres a tu colega de la infancia divorciado y sin un duro volviendo a casa de sus padres. Los reencuentros son de todo tipo, pero detrás de esa “alegría” inicial, el sentimiento más habitual es la incomodidad.

Una incomodidad que, en la generación de la que habla Zerocalcare en sus obras, conocemos bien. La del desencanto, las ilusiones perdidas, la rabia y la frustración. Sí, la de los sueños perdidos.

Ahora las tornas han cambiado un poco. Zero sigue siendo el mismo cascarrabias pesimista de siempre, pero es independiente, tira para delante dibujando cómics (que es su sueño) y mantiene a sus amigos. Sea o no una situación ideal, tiene encaminada su vida. La llegada de Cesare, carente de rumbo, le hace ser consciente de cómo la sociedad italiana (aunque también podría estar hablando de la española) está desestructurada y usa un recurso como es la inmigración para hablar de ello.

Si el Zero de Cortar por la línea de puntos veía terminarse los 30 años analizando su propia juventud y aprendiendo lo dura que es la vida, Este mundo no me hará mala persona le pilla cumplidos los 40 y viendo que el mundo no ha mejorado ni una pizca. Pero, aunque él tenga ahora una relativa estabilidad, se da cuenta de que no puede aislarse de los problemas del barrio, lugar donde transcurre toda la acción.

¡Este barrio no es un vertedero!

La llegada de unos refugiados al centro social del barrio crea discrepancias. Su cercanía con el colegio, donde cada vez van menos niños, es el detonante para que los más radicales aprovechen para hacer oír sus voces: los inmigrantes son el problema. ¿Os suena el discurso?

Así es, Este mundo no me hará mala persona aprovecha la historia de amistad entre Zero y Cesare para hablar del auge del fascismo (Zero se refiere a ellos directamente como nazis), en ese barrio olvidado por el país y que parece el vertedero de Roma en todos los sentidos, carente de servicios sociales, cada vez más mísero.

⇒ANÁLISIS DE LA PRECUELA: CORTAR POR LA LÍNEA DE PUNTOS de ZEROCALCARE⇐

A través del dolor, la empatía, la melancolía y otras emociones que ya vivimos en Cortar por la línea de puntos, esa incomodidad de la que os hablaba antes se va abriendo paso en esta miniserie. Zero y sus amigos se debaten entre la lucha por las injusticias y una incómoda seguridad. Esa del que hace oídos sordos a la manifestación que se oye en la calle mientras baja apresuradamente las persianas de casa.

Igual que en su predecesora, esta serie acude a los flashbacks constantes. Zero narra casi siempre en pasado, pero esta vez no mientras viaja en tren con sus amigos, sino desde la silla de interrogatorio de una comisaría, en una inteligente maniobra que nos hace preguntarnos a los espectadores durante toda la serie qué habrá pasado y, por supuesto, poniéndonos en lo peor. También Zerocalcare vuelve a traer al Armadillo (Valerio Mastandrea en italiano, Dani Rovira esta vez en castellano), esa conciencia suya con la que mantiene tantos diálogos (o monólogos, según se vea) y a la que explica sus frustraciones y por qué actúa como actúa.

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El trío protagonista y sus movidas filosóficas.

 

Pero para filosofar sigue contando con sus amigos Secco y Sara. Con ellos comparte la vulnerabilidad que siente, mientras, a medida que avanza la serie, es consciente de la vulnerabilidad de las personas que le rodean, en especial, la de Cesare. Él es la personificación de la soledad y bajo esta premisa entramos en contacto, empatizamos, con las decisiones que toma. Esto, hace que esa línea entre el Bien y el Mal quede muy difuminada, demostrándonos que la vida es todo lo gris que tu retina pueda soportar.

Esta vez, Zero es consciente también de la vulnerabilidad de sus propios amigos. No es que retome exactamente el tema de la salud mental que trataba en Cortar por la línea de puntos, pero sí que la forma de actuar de la gente que rodea a Zero le obliga, ahora que es un dibujante de cómic respetado, a posicionarse.

Este mundo no me hará mala persona nos invita a no perder el norte. Los problemas son de todos y no se puede dar la espalda a la gente.

Este mundo no me hará peor persona nos invita a no perder el norte. La mayoría de la gente descontenta con el sistema está encantada de pensar que puede echar la culpa a algo o alguien en concreto. En este caso, un puñado de inmigrantes. El sistema lo permite porque la cortina de humo siempre requiere cabezas de turco. Este descontento tiene su catarsis en la lucha abierta entre neonazis y antifascistas.

La crítica social sigue siendo constante, los diálogos brillantes, el ritmo frenético, la angustia real y dolorosa. Y aún así, sigue siendo muy divertida. La capacidad del autor para mezclar géneros creando una tragicomedia de gran profundidad argumental es palpable. La sátira es genial, probablemente sigue siendo, como dije en el otro artículo, una serie para jóvenes airados. Quizás por eso debemos ser valientes. Total, para visionarla os aseguro que hay que serlo un poco.

Este mundo no me hará peor persona

8.8

NOTA GLOBAL

8.8/10

Destaca en:

  • Su reflexión sobre todos los temas que trata: la soledad, las expectativas, la inmigración, el auge de los totalitarismos...
  • Diálogos brillantes.
  • Descarnadamente actual y sabe cómo hablar de ello.
  • Un doblaje a la altura de la serie.
  • La animación tiene muy buen nivel.

Podría mejorar:

  • Lo mismo que os dije con la otra serie: es bastante pesimista, no es plato de buen gusto.
  • No a todo el mundo le gustarán los cambios de doblaje.

About Susana "Damarela" Rossignoli

Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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