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SILENCIO: curas arrastrados al Lado Oscuro de la Fuerza

silencio-generacion-friki-portadaSilencio (Silence 2016, España 2017) tenía por lo menos tres ingredientes para que fuera a verla, y tres ingredientes de peso: su director, Martin Scorsese, del que no veía nada desde El Lobo de Wall Street; su ambientación, en un Japón feudal, aliciente para cualquier friki; y la presencia del carismático Liam Neeson. Aparte, si te provocan curiosidad, como a mí, las películas adaptadas de novelas (en este caso del autor Shusaku Endo) Silencio sólo tenía que no cagarla demasiado para convertirse en una de mis películas favoritas acerca del Período Edo.

Y si estoy hablando así es porque evidentemente no ha sido de esta manera. Silencio ha resultado un ejercicio de paciencia (para mí, naturalmente) en el que las herramientas han sido manejadas torpemente.

El argumento narra la persecución que sufren dos sacerdotes jesuitas, el padre Sebastián Rodrigues (Andrew Garfield, redimiéndose después de su paso por Spiderman y recién nominado al Globo de Oro 2017) y el padre Francisco Garupe (Adam Driver) en un Japón en plena caza de brujas de cristianos, mientras intentan encontrar a su mentor, el padre Ferreira (Liam Neeson) quien años antes fue torturado y del que se dice que apostató para salvar la vida.

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2 jedis y un superhéroe son tentados para que apostaten

El Japón de 1640 aún tenía campesinos cristianos que vivían su fe ocultos y que ayudan a los curas en su búsqueda (Shinya Tsukamoto como Mokichi, Yosuke Kubozuka como Kichijiro) y la película transcurre básicamente entre persecuciones, celebración de sacramentos, muertes llevadas a cabo de diversas maneras….y poco más. Y todo se siente como si fuera “un día más en la vida del Japón cristiano de la Era Edo”, sin que los hechos conmuevan ni se consiga encontrar sentido al alargamientos de los acontecimientos.

La película empieza realmente a las dos horas de comenzar

Y es que el mayor problema que tiene Silencio es su longitud. Los hechos que cuenta, muy escasos, habrían sido mejor manejados en una película de menor duración. Igualito que en El Renacido. Scorsese debería de recordar que en el cine el impacto de las imágenes es enorme y no hace falta más que unos segundos de metraje para transmitir lo que en los libros lleva muchas páginas.

Cual Tolkien hablándonos de la escarcha, los bosques y la frondosidad de sus árboles, Silencio se pierde en la redundancia. Ese afán por mostrarnos más y más escenas de persecuciones y momentos tensos sólo consiguen llevarnos a un estado de indiferencia en el que estamos deseando que algo pase. He visto mucho cine japonés y su ritmo es más pausado, y el uso de los silencios es llevado a cabo con armonía y con el firme interés de que realicemos una introspección.

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El Perdón, una de las bases del cristianismo, uno de los platos fuertes de la película.

El ejercicio que realiza Scorsese en pos de lograr algo parecido se limita a que el título de la película haga alusión al supuesto silencio de Dios ante las súplicas de los jesuitas portugueses, aunque no se puede negar que el debate y la duda sobre si conservar la vida o conservar la fe está presente durante toda la película.

¿Dónde están los límites de nuestras creencias?

Y es que no había mejor película para sacar a relucir esa forma de entender la vida, la religión y la naturaleza que Silencio, puesto que el cine evangélico trata en gran medida de ello, pero aquí sólo te acaban dejando con la idea de que los campesinos son fanáticos a los que da igual exterminar, menguando con ello el valor que se le da a la vida individual, y que la importancia de lo espiritual tiene un valor relativo.

Si Silencio era un ejercicio espiritual para que reflexionemos sobre las consecuencias de lo que se hace en nombre de la Fe debería de haberse hecho más hincapié en las dos grandes escenas en las que se debate las verdades y mentiras de las Fe.

¿Qué salvamos?

La parte más interesante, sin duda, es la prueba de fe constante que sostiene el padre Rodrigues (auténtico y absoluto protagonista del metraje). Su fe, sencilla, humana, real, es zarandeada, no sólo por el silencio de Dios, sino por su necesidad de salvar vidas humanas. Quizás se ha olvidado de que lo importante era salvar las almas, no los cuerpos de los cristianos conversos, y el inquisidor japonés se aprovecha de ello, pero quizás es tan humano que no puede soportar la prueba, cual martirio de Jesús, que se le impone, y esa dicotomía entre su labor como sacerdote y sus flaquezas como humano son sin duda el plato fuerte de la película.

La parte más humana es, de hecho, todas esas veces en las que tiene que recordar la importancia del Perdón y volver a confesar a Kichijiro, partes que, por otro lado, dan el toque humorístico a la película.

No podemos negar que la ambientación, fotografía y diseños están soberbiamente llevados a cabo. Seguimos teniendo el problema del doblaje ya que, pese a la excelencia que encontramos en España, no se consigue acertar con el japonés (mi recomendación, pues, es que la veáis en versión original), y por último, unas actuaciones decentes.

Sin duda, no es una película para todos los públicos, y no lo digo por su ritmo pausado, su intención de mostrar más que de actuar o por la temática religiosa; no es una película para todos los públicos porque falla en general como película. No es mala puesto que, ya lo veréis, el debate está ahí para cuando salgáis del cine, pero es que no emociona, no sorprende: aburre (el mayor crimen del cine). Y su tempo invitaba a la introspección, pero Scorsese se ha olvidado de que a veces menos es más y su habilidad para conseguir que empaticemos con lo que vemos brilla por su ausencia.

Silencio

Silencio
50

NOTA

5/10

    Destaca en:

    • Bella fotografía
    • Fiel recreación de escenarios
    • Actuaciones decentes
    • Una buena dosis de debate tras el visionado
    • Arriesga, y eso ya es meritorio

    Podría mejorar:

    • Excesivamente larga
    • Redundante en la exposición del argumento
    • Poca trama para tanto metraje
    • Inexacta en la concepción budista y católica de la vida

    About Susana "Damarela" Rossignoli

    Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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