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LA PRINCESA DE CASTLEBURY HALL: qué fácil es ser feliz siendo rico

No tengo ni idea de por qué me vi esta película. Creo que, como comenté en el Podcast 08 la vi en una tarde de esas de sobremesa en las que has comido demasiado y necesitas reposar y estás demasiado vago hasta para buscar el mando de la tele. Ya me pasó con La niñera y el presidente hace un par de años y acabé analizándola para la web.

En general lo primero que te viene a la mente con La princesa de Castlebury Hall (Princesa por Navidad, 2011) es que es una de esas pelis típicas, tópicas, ñoñas y anodinas con las que no merece perder el tiempo, pero algo tiene la Navidad que no se nos aparece ni como típica, ni como tópica ni…no, sigue siendo noña y anodina.

Posiblemente La princesa de Castlebury Hall tenga ahora más interés que cuando se estrenó dado que Sam Heughan, gracias a Outlander, y Katie McGrath, gracias a SuperGirl, son más conocidos y aquí son dos de los protagonistas de la película. No deberíamos de ofender a Roger Moore, que es otro de los protagonistas y uno de los grandes del cine, sin duda, mencionándole, pero hale, ya está hecho.

De cualquier forma, no puedes por menos de pensar que el talento de grandes actores se desperdicia en una película extremadamente mediocre con un guion pésimo lleno de diálogos cutres. No obstante, ¿es posible que todo en esta película sea insalvable?

La princesa de Castlebury Hall narra la historia de Jules Daly, una joven entusiasta del arte que trabaja en una tienda de antigüedades y cuida de sus sobrinos pequeños porque (cómo no) son huérfanos. El caso es que recibe la invitación de un pariente para pasar las Navidades y se encuentra con un castillo lleno de tradiciones, un abuelo cascarrabias que detesta la Navidad cual Ebenezer Scrooge y un hijo buenorro y bastante pijo que resultará ser su media naranja. La joven, bella y alegre Jules devuelve la alegría al castillo y a sus ocupantes y blablablá.

Por supuesto, La princesa de Castlebury Hall mezcla los cuentos de Navidad clásicos con los de dibujos animados estilo La Cenicienta. De hecho, es exactamente igual que la puñetera Cenicienta, sea la versión que sea, con personajes Mary Sue y todo. Esto per sé no es malo, los personajes arquetipos están ahí para ser usados y para que identifiquemos bien los roles de los actores; y las historias mil y una veces contadas, si cambiamos el cómo más que el qué pueden convertirse en historias fantásticas. La película que hoy nos ocupa, sin embargo, no juega bien con estos elementos, resultando entretenida pero extremadamente insustancial.

Aquellos que amamos el cine como el compendio de una serie de elementos que funcionan de forma armónica pero siempre ofreciéndonos algo nuevo tendemos a indignarnos un poco con películas como estas que no aportan nada al mundo del cine. Sí, entretienen, sí, no son ofensivas en ningún sentido, pero todo fluye de una manera cómoda y a lo “flower power” sin que el conflicto presentado nos aflija.

Posiblemente no deberíamos extrañarnos semejante despliegue de purpurina y empalague siendo Mack Damian su director (El lado más dulce de la vida, Un amor de diseño, High Strung…) y eso que la dirección no es lo peor que tiene, pero creo que, en general, os costará encontrar razones para aprobarla. Yo lo he hecho, porque es entretenida, y también porque, como película de Navidad, cumple su cometido. Su mensaje de amor, de esperanza, de la importancia de la familia, la poca importancia de la riqueza y cómo el amor es más importante que el dinero, está ahí para que todos nos acordemos de lo importante. Aunque sí, al final todos, ricos, son más felices.

P.D: Lo creáis o no, por lo visto hay una segunda parte.

La Princesa de Castlebury Hall

La Princesa de Castlebury Hall
50

NOTA

5/10

    Destaca en:

    • Buen ritmo
    • Valores con los que identificarse

    Podría mejorar:

    • No aporta nada
    • Extremadamente anodina

    About Susana "Damarela" Rossignoli

    Susana Damarela es fundadora de Generación Friki. Gran apasionada de la lectura y el cine, puede leer un libro cada día de la semana sin despeinarse. También le encanta el deporte, el rock, las juergas y el kalimotxo. Sus juegos favoritos son el Tetris y el Starcraft II

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